lunes, 8 de mayo de 2017

EJERCITARSE EN LA FE Y EN EL ESPÍRITU…

Pues Dios ha mostrado su bondad, al ofrecer la salvación a toda la humanidad. 12 Esa bondad de Dios nos enseña a renunciar a la maldad y a los deseos mundanos, y a llevar en el tiempo presente una vida de buen juicio, rectitud y piedad (tito 2:11-12) Cuando un atleta inicia su entrenamiento, practica para mejorar sus habilidades. Repite los mismos movimientos un sinnúmero de veces hasta que puede hacerlos con toda naturalidad. La mayoría sabemos que esa clase de entrenamiento físico es sumamente importante para poder triunfar en lo que se esté compitiendo. Pero ¿sabía usted que podemos entrenarnos de esa misma forma en lo que respecta a las cosas espirituales? ¡Así es! En Hebreos 5:14, La comida sólida es para los adultos, para los que ya saben juzgar, porque están acostumbrados a distinguir entre lo bueno y lo malo. . Cuando usted se entrena o ensaya para algo, se está exponiendo diariamente a lo que quiere llegar a ser. Lo ensaya y lo practica una y otra vez hasta que pueda hacerlo con toda naturalidad. Las personas perezosas se han entrenado para ser perezosas; en cambio, las personas disciplinadas se han entrenado para ser disciplinadas. 25 Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita. (1 Corintios 9:25) Pasar tiempo con Dios es un entrenamiento espiritual. Cuando se hace con diligencia, el espíritu se fortalece y empieza a superar los malos hábitos de la carne. Por ejemplo, si a usted le cuesta mucho levantarse por la mañana para pasar tiempo con Dios antes de que empiece el trajín del día, si se rinde a la carne y se queda en la cama; entonces, es necesario que comience a practicar el hábito de levantarse temprano. Cuanto más lo practique, más fácil le será. No espere hacerlo perfectamente al principio. No se desanime cuando falle. Lo que usted necesita es entrenamiento. Levántese y vuelva a practicarlo. Sea un atleta espiritual. Sométase al entrenamiento y practique las cosas de Dios. Fortalezca sus músculos espirituales en la comunión con Dios. Se sorprenderá al darse cuenta de que puede llegar a ser un gran vencedor.

miércoles, 3 de mayo de 2017

SI YO SUBIERA A LAS ALTURAS DE LOS CIELOS, ALLÍ ESTÁS TÚ; Y SI BAJARA A LAS PROFUNDIDADES DE LA TIERRA, TAMBIÉN ESTÁS ALLÍ

… Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía (v. 16). Génesis 28:10-17 Al Worden, astronauta del Apolo 15, sabía lo que era estar en la luna. Durante tres días, en 1971, voló solo en su módulo de comando, el Endeavor, mientras dos compañeros trabajaban a miles de kilómetros, en la superficie de la luna. Su única compañía eran las estrellas, que lo envolvían con su luz. Cuando el sol se puso sobre Jacob, el personaje del Antiguo Testamento, la primera noche lejos de su casa, él también estaba profundamente solo, pero por otra razón. Estaba huyendo de su hermano mayor, que quería matarlo por haberle robado la bendición familiar del primogénito. Sin embargo, al dormirse, Jacob soñó con una escalera que unía el cielo y la Tierra. Mientras observaba a los ángeles que subían y bajaban, escuchó la voz de Dios que le prometía estar con él y bendecir a toda la Tierra a través de sus hijos. Cuando Jacob despertó, exclamó: «Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía» (Génesis 28:16). Jacob se había aislado debido a su engaño. Sin embargo, por más reales que fueran sus fracasos y la oscuridad de la noche, estaba en la presencia de Aquel cuyos planes siempre son mejores que los nuestros. El cielo está más cerca de lo que pensamos, y el «Dios de Jacob» está con nosotros. Padre, la gloria de tu presencia y tu bondad supera ampliamente nuestra imaginación. Dios está más cerca de lo que pensamos.

viernes, 28 de abril de 2017

CUANDO ANDEMOS CON NUESTRO HERMANO MAYOR NO HAY NADA QUE TEMER

Mas a todos los que le recibieron […], les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12). Hebreos 10:19-23 Cuando tenía doce años, mi familia se mudó a una ciudad en el desierto. Después de la clase de gimnasia, en medio del calor, salíamos corriendo a tomar agua. Como era delgado y pequeño, a veces, me empujaban para adelantarse a tomar agua. Un día, mi amigo José, que era grande y fuerte, vio lo que me sucedía. Estiró su brazo y exclamó: « ¡Oigan! ¡Dejen que Banks beba primero!». Nunca volví a tener problemas en el bebedero. Jesús entendía lo que es enfrentar el maltrato extremo. La Biblia muestra que fue «despreciado y desechado entre los hombres» (Isaías 53:3). Pero Jesús no fue solo una víctima, sino que se transformó en nuestro defensor. Al entregar su vida, abrió un «camino nuevo y vivo» para relacionarnos con Dios (Hebreos 10:20). Hizo por nosotros lo que jamás podríamos haber logrado solos, al ofrecernos el regalo de la salvación si nos arrepentimos de pecado y confiamos en Él. Jesús es el mejor amigo que podríamos tener. Él dijo: «al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). Otros quizá nos hayan rechazado o incluso empujado, pero Dios nos abrió los brazos a través de la cruz. ¡Qué fuerte es nuestro Salvador! «La obra redentora del amor se cumplió; peleada está la guerra; ganada la batalla. En vano la muerte le prohíbe levantarse; Cristo ya reabrió el paraíso».

lunes, 24 de abril de 2017

PERO NOSOTROS PREDICAMOS A CRISTO CRUCIFICADO

… Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios (v. 39). Mar. 15:19-20, 33-39 En la iglesia donde asisto, hay una cruz inmensa en frente del santuario. Representa la cruz original donde Jesús murió. Allí, Dios permitió que su Hijo perfecto muriera por cada cosa mala que hicimos, dijimos o pensamos. En la cruz, Jesús consumó la obra necesaria para salvarnos de la muerte que merecíamos (Romanos 6:23). Ver una cruz me lleva a considerar lo que Jesús soportó por nosotros. Antes de ser crucificado, lo azotaron y lo escupieron. Los soldados le pegaron en la cabeza con palos y se burlaron de Él. Intentaron obligarlo a que llevara su propia cruz al lugar donde moriría, pero Él estaba demasiado débil por los brutales azotes. En Gólgota, lo atravesaron con clavos para mantenerlo sobre la cruz al erguirla. Esas heridas soportaron el peso de su cuerpo mientras estuvo allí colgado. Seis horas más tarde, Jesús exhaló su último aliento (Marcos 15:37). Un centurión que había presenciado la muerte de Jesús declaró: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» (v. 39). La próxima vez que veas el símbolo de la cruz, considera lo que significa para ti. El Hijo de Dios sufrió y murió allí, y luego resucitó para darnos vida eterna. Querido Jesús, ¡gracias por quitar mis pecados al morir en la cruz! Acepto tu sacrificio y creo en el poder de tu resurrección. La cruz revela lo peor de nuestro pecado y lo mejor del amor de Dios.

jueves, 20 de abril de 2017

TENEMOS QUE OLER A DIOS

Mas a Dios gracias, el cual […] por medio de nosotros manifiesta […] el olor de su conocimiento.… (v. 14). 2 Corintios 2:14-16 La escritora Rita Snowden cuenta que, una tarde, sentada afuera de un café en Dover, Inglaterra, mientras disfrutaba una taza de té, sintió un aroma delicioso. Rita le preguntó al mesero de dónde venía, y este respondió que era la gente que pasaba. La mayoría de los pueblerinos trabajaban en una fábrica cercana de perfume. Cuando regresaban a su casa, llevaban a la calle la fragancia que les impregnaba la ropa. ¡Qué hermosa imagen de la vida cristiana! Como dice el apóstol Pablo, somos el grato olor de Cristo, y llevamos su fragancia a todas partes (2 Corintios 2:15). Pablo usa la imagen de un rey que regresa de la batalla emanando el aroma celebrador del incienso por el aire, para declarar su grandeza (v. 14). Según Pablo, esparcimos el aroma de Cristo de dos maneras. Primero, a través de nuestras palabras; cuando hablamos sobre nuestro hermoso Señor. Segundo, con nuestra vida; al hacer obras de sacrificio como el de Cristo (Efesios 5:1-2). Aunque no todos aprecien la fragancia divina que emanamos, será como una esencia de vida para muchos. Snowden captó un aroma y quiso conocer su fuente. Cuando seguimos a Jesús, nosotros también quedamos impregnados de su fragancia, y llevamos su aroma a las calles a través de nuestras palabras y obras. Señor, que podamos llevar y comunicar tu belleza a los demás. Somos el aroma de Cristo para los demás.

domingo, 16 de abril de 2017

DIOS YA SE PREOCUPÓ POR NOSOTROS EN JESUCRISTO

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores… (v. 4). Isaías 53:1-8 Cuando le preguntaron si creía que la ignorancia y la apatía eran problemas de la sociedad moderna, un hombre bromeó: «No sé ni me interesa». Probablemente, muchas personas desanimadas sienten eso sobre el mundo y los que en él habitan. Pero Jesús entiende bien la confusión y las preocupaciones de nuestras vidas, y le importa lo que nos sucede. Isaías 53, una profecía del Antiguo Testamento sobre la crucifixión de Cristo, nos deja entrever lo que padeció por nosotros. «Angustiado él, y afligido […]; como cordero fue llevado al matadero» (v. 7). «Por la rebelión de mi pueblo fue herido» (v. 8). «Con todo eso, el Señor quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad del Señor será en su mano prosperada» (v. 10). En la cruz, Jesús cargó voluntariamente con nuestro pecado y nuestra culpa. Nadie sufrió jamás como el Señor por nosotros. Sabía lo que costaría salvarnos de nuestros pecados y, por amor, quiso pagar el precio (v. 4-6). Gracias a la resurrección de Jesús, Él está vivo y con nosotros hoy. No importa qué situación enfrentemos, Jesús entiende y le importa. Y nos ayudará a atravesarla. Gracias Señor porque aunque nos mostremos indiferentes a los hechos realizados hace más de 2000 años por Jesucristo haces todo lo necesario para nos enteremos claramente de que nos amas y que no nos dejas a nuestra suerte. Señor, gracias porque conoces nuestras circunstancias y te preocupas por nosotros. No está aquí, sino que ha resucitado… Lucas 24:6

lunes, 10 de abril de 2017

PABLO EXHORTA A LOS HERMANOS

1 Tesalonicenses 5:12-24 12 Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; 13 y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. 14 También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. 15 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. 16 Estad siempre gozosos. 17 Orad sin cesar. 18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 19 No apaguéis al Espíritu. 20 No menospreciéis las profecías. 21 Examinadlo todo; retened lo bueno. 22 Absteneos de toda especie de mal. 23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. Cuando nos convertimos en Hijos de Dios, mediante la salvación que nos brindó Jesucristo al morir en la cruz y resucitar al tercer día, creyendo que es Jesús nuestro salvador, lo hacemos por la gracia del Señor. Pero también tenemos ciertas obligaciones como hijos Suyos. Es verdad que nos cuesta cumplir al pie de la letra, pero debemos esforzarnos, dar lo mejor de nosotros. Primeramente amar a Dios, amarnos y amar al prójimo. Todo lo que hagamos, lo debemos hacer con amor. Vivir honestamente, practicar la caridad, corregir a los indisciplinados, animar a los desalentados, sostener a los débiles, y por sobre todo, ser pacientes con todos (v14). Buscar siempre lo bueno para todos, jamás devolver mal por mal (V15). A veces nos cuesta, pero es ahí donde debemos dejar que el Espíritu Santo de Dios obre en nosotros, por eso debemos de nacer de nuevo para que nuestra carne no interrumpa con los propósitos de Dios con nuestra vida. Debemos mantenernos alegres, estar en constante oración, dar gracias a Dios en todo, porque es Su voluntad (v16,17 y 18). Y el Apóstol Pablo nos sigue enseñando, no debemos apagar al Espíritu. No debemos despreciar las profecías. Y recordemos, examinarlo todo CUIDADOSAMENTE, y retener lo que es bueno. Abstenernos del mal (vs 19,20,21 y 22). Fortalezcamos nuestras vidas espirituales como Dios quiere que seamos, todos los días.