martes, 26 de marzo de 2019
¿PODEMOS FIARNOS EN EL EVANGELIO DE MARCOS?
El evangelio de Marcos, uno de los cuatro relatos históricos que tenemos acerca del Señor Jesucristo. Este hecho hace que sea un escrito muy especial, porque sin lugar a dudas, no ha habido en la historia de la humanidad una persona que se pueda comparar con Jesús de Nazaret. Su presencia en nuestro mundo ha dejado una huella que ni siquiera dos mil años han logrado borrar. Es más, mientras que otros grandes hombres han ido surgiendo y desapareciendo, Cristo no ha dejado de ser adorado y amado por millones de personas por todo el mundo hasta el día de hoy.
Pero antes de que nos centremos en meditar lo que este evangelio tiene que decirnos acerca de él, debemos hacernos previamente algunas preguntas acerca del documento que tenemos delante: ¿Podemos fiarnos de lo que dice este evangelio? ¿Quién fue realmente su autor? ¿Hay evidencias de que Marcos lo escribiera? ¿Estaba Marcos capacitado para escribir una biografía histórica sobre Jesús? ¿Qué sabemos de él? ¿Está este evangelio respaldado por alguno de los apóstoles? ¿Dónde, cuándo, para quién se escribió? ¿Con qué propósito se escribió?
En fin, son preguntas muy importantes para cualquiera que tenga un serio interés en conocer la verdad sobre los evangelios, y más aún, sobre la persona del Señor Jesucristo, que es en definitiva de quien tratan estos escritos.
Por lo tanto, a lo largo de este primer estudio vamos a abordar algunas de estas cuestiones que hemos dividido en varios puntos:
I. ¿Quién fue el autor de este evangelio?
II. ¿Qué evidencias hay de que Marcos escribiera este evangelio?
III. ¿Qué sabemos de Marcos?
Por no alargar excesivamente este estudio, veremos otros asuntos en una segunda parte.
I. ¿Quién fue el autor de este Evangelio?
Para empezar, debemos decir que este evangelio tuvo dos autores, uno humano y otro divino.
1. El Autor divino: el Espíritu Santo
Y aunque para las personas incrédulas este dato no tenga ningún valor, debemos comenzar afirmando nuestra convicción de que fue el Espíritu Santo quien inspiró divinamente este escrito.
(2 P 1:21) "... Los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo."
(2 Ti 3:16-17) "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."
Notamos en estas dos citas que tanto los hombres como los Escritos fueron inspirados por Dios.
La palabra "inspirar" da a entender que fueron producidos por el soplo de Dios. Dios puso en estos escritos el hálito de su propio Espíritu creativo, de la misma manera que lo hizo cuando sopló aliento de vida en el hombre que había formado del polvo de la tierra (Gn 2:2).
2. El autor humano: Juan Marcos
Pero, por otro lado, hay que reconocer también a un autor humano.
Es verdad que este evangelio no viene firmado por ninguna persona. Esto pudo ser debido a varias razones. Tal vez fue una cuestión de modestia cristiana, o muy fácilmente, porque los primeros destinatarios del evangelio sabían perfectamente quién era su autor.
En cualquier caso, esto no es un inconveniente, puesto que el testimonio de los escritores cristianos de los primeros siglos identificó de manera unánime a su autor como Juan Marcos.
Ahora bien, aunque Marcos fue quien puso por escrito la historia de Jesús en el evangelio que lleva su nombre, hay que resaltar también que esos mismos autores afirman que el apóstol Pedro fue la fuente principal de información que Marcos utilizó.
Habría que decir, por lo tanto, que la autoría humana de este evangelio es compartida entre el apóstol Pedro y Marcos.
II. ¿Qué evidencias hay de que Marcos escribiera este evangelio?
Como acabamos de mencionar, los escritores cristianos de los primeros tiempos dejaron constancia unánime de que Marcos fue el autor de este evangelio.
A continuación transcribimos algunas de las referencias.
Papías (hacia 130 d.C.)
El testimonio más antiguo que tenemos sobre la composición de los evangelios canónicos es el de Papías, obispo de Hierápolis, en Frigia, que escribió hacia el 130 una "Exposición de los Oráculos del Señor" en cinco libros. Esta obra se perdió hace mucho tiempo, pero el historiador Eusebio de Cesarea nos ha conservado algunos pasajes de ella:
"Y el anciano dijo esto también: Marcos, habiendo pasado a ser el intérprete de Pedro, escribió exactamente todo lo que recordaba, sin embargo no registrándolo en el orden que había sido hecho por Cristo. Porque él ni oyó al Señor ni le siguió; pero después, como he dicho, (ayudó) a Pedro, el cual adaptó sus instrucciones a las necesidades (de sus oyentes), pero no tenía intención de dar un relato conexo de las palabras del Señor. Así que Marcos no hizo distinción cuando escribió algunas cosas tal como las recordaba; porque en lo que tenía interés era en no omitir nada de lo que había oído, y en no consignar ninguna afirmación falsa en ello". (Eusebio en su Historia Eclesiástica, III,39,1-15).
Ireneo de Lyon (hacia 140-202 d.C.)
Ireneo, discípulo de Policarpo, que a su vez había sido discípulo del apóstol Juan, escribe lo siguiente:
"Mateo, (que predicó) a los Hebreos en su propia lengua, también puso por escrito el Evangelio, cuando Pedro y Pablo evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que éstos murieron, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos transmitió por escrito la predicación de Pedro. Igualmente Lucas, seguidor de Pablo, consignó en un libro "el Evangelio que éste predicaba". Por fin Juan, el discípulo del Señor "que se había recostado sobre su pecho", redactó el Evangelio cuando residía en Éfeso". (Ireneo, Contra las Herejías, III, i,1).
Tertuliano (en su apogeo 197-216)
Tertuliano fue uno de los teólogos más sobresalientes de la iglesia entre los siglos II y III. Su trabajo como apologista es ampliamente reconocido. Su testimonio tocante a la autenticidad de los Evangelios no debe pasarse por alto con ligereza. En su obra "Contra Marción", escrita a principios del siglo tercero, Tertuliano afirma que el Evangelio de Marcos refleja la predicación de Pedro.
"...El que publicó Marcos, aunque se dice que es de Pedro, de quien Marcos era intérprete..."
Clemente de Alejandría (hacia 150-215 d.C.)
Según Eusebio, Clemente de Alejandría afirmaba:
"Aquellos evangelios que contienen las genealogías son los primeros que se escribieron; que el evangelio según Marcos se empezó a escribir de la siguiente manera: en tiempos en los que Pedro publicaba la palabra en Roma y exponía el evangelio bajo la acción del Espíritu, aquellos que en gran número estaban presentes en aquella ocasión le pidieron a Marcos que, puesto que llevaba acompañando mucho tiempo a Pedro y se acordaba de las cosas que él había dicho, pusiera por escrito sus palabras; así lo hizo y les dio el evangelio a los que se lo habían pedido; cuando se enteró de ello Pedro, no dijo nada ni para impedirlo ni para promoverlo. Por su parte, Juan, el último, al ver que el aspecto material de las cosas ya había salido a luz en los evangelios, movido por sus discípulos e inspirado por el soplo divino del Espíritu, compuso un evangelio espiritual". (Eusebio en su Historia Eclesiástica, VI,14,6-7).
El prólogo Antimarcionita
Se sabe que desde fechas muy tempranas (año 160-180 d.C.) las cartas iban precedidas de prólogos contra las ideas de Marción, que fue el primero en elaborar un canon de libros que él reconocía como genuinos y de origen apostólico. Recientemente se ha puesto de manifiesto que también los evangelios iban precedidos de prólogos similares. Al del evangelio de Marcos le faltan las palabras iniciales. El fragmento dice así: "...declaró Marcos, al que apodan de los dedos lisiados, porque los tenía mas bien pequeños en comparación con su estatura. Fue intérprete de Pedro; y después de la muerte de éste, puso por escrito este mismo evangelio en Italia".
Es importante señalar que no hay ninguna evidencia histórica que contradiga que Marcos fue el autor de este evangelio y que recibió su información de un testigo ocular de primerísimo orden como fue el apóstol Pedro.
Esto contradice claramente las teorías de los críticos liberales modernos, que afirman sin demostrarlo, que este evangelio fue una composición anónima de varios autores desconocidos que recogieron en una época tardía varias tradiciones orales muy distorsionadas y exageradas sobre la persona de Jesús.
III. ¿Qué sabemos de Marcos?
El Espíritu Santo eligió a Marcos para escribir el evangelio que lleva su nombre. Esto nos lleva a preguntarnos ¿quién era Marcos? ¿por qué lo eligió a él? ¿qué sabemos sobre su trayectoria espiritual? ¿de dónde obtuvo la información que recoge en su evangelio?
En esta parte de nuestro estudio tendremos que realizar cierta labor de investigación, revisando todas las referencias que en el Nuevo Testamento encontramos a Marcos.
1. Formó parte de la primera iglesia cristiana en Jerusalén en tiempos de los apóstoles
La primera referencia que encontramos a Marcos está en (Hch 12:12).
(Hch 12:12) "Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando."
El relato nos introduce en la primera etapa de la iglesia cristiana, todavía en Jerusalén, cuando era duramente perseguida. En ese contexto, Pedro, que acababa de ser liberado de la prisión, no dudaba acerca del lugar en el que encontraría reunidos a los cristianos, que no era otro que la casa de María, la madre de Juan Marcos. Entendemos que María, la madre de Marcos, tenía una buena posición económica, lo que se desprende del hecho de que tenía una casa amplia, y al menos una sirvienta.
Por lo tanto, podemos deducir que Marcos vivía en Jerusalén cuando Jesús fue crucificado, lo que le permitió ser conocedor de primera mano de muchos de los hechos que luego escribió en su evangelio. Además, estuvo en contacto directo con la primera iglesia cristiana y con los apóstoles, siendo testigo en primera fila de cuanto ocurría en aquellos primeros días del cristianismo en Jerusalén.
2. Su nombre compuesto: Juan Marcos
Otro detalle interesante es su nombre compuesto: "Juan Marcos". Juan era su nombre hebreo, mientras que Marcos era su nombre romano. Esto era frecuente para personas que se movían entre ambientes judíos y gentiles. En su caso, finalmente, su nombre judío fue casi totalmente olvidado, siendo conocido simplemente como "Marcos". La razón se debe principalmente a que él llevó la historia de los hechos de Jesús que tuvieron lugar en Israel hasta el mundo gentil, y por lo tanto fue conocido por su nombre latino.
3. Formó parte del primer equipo misionero que fue a predicar a los gentiles
La segunda referencia a Juan Marcos aparece en (Hch 13:5).
(Hch 13:5) "Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante."
Esto nos lleva a la siguiente etapa de la iglesia cristiana: su extensión por el mundo gentil. Aquí lo encontramos como "ayudante" de los dos hombres que lideraron esta nueva etapa del cristianismo: el apóstol Pablo y Bernabé. Y Juan Marcos estaba allí formando parte de la primera expedición cristiana que fue a predicar el evangelio en el mundo gentil.
4. Una mancha en el expediente de Marcos
Este viaje misionero puso una mancha en el expediente de Marcos (Hch 13:13).
(Hch 13:13) "Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén."
Las razones que le llevaron a este abandono no se nos dicen. En Chipre se encontraba a gusto, tal vez porque era el lugar de donde era Bernabé (Hch 4:36), que como más tarde veremos, era tío de Marcos (Col 4:10). Pero cuando pasaron a tierras desconocidas, tal vez se asustó viendo la dureza de la Obra.
Esto creó un borrón en su prometedora carrera cristiana. Las consecuencias que tuvo su decisión las encontramos en (Hch 15:36-40).
(Hch 15:36-40) "Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están. Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre, y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor."
Cuando Pablo y Bernabé planeaban comenzar su segundo viaje misionero, Marcos fue el motivo de desacuerdo por el que los dos misioneros se separaron tomando rumbos distintos. Discutieron por causa de este joven hasta el punto en que no pudieron empezar juntos otro viaje misionero.
¿Cuál de los dos tenía razón? Bernabé creía que Marcos había cambiado y estaba en condiciones de acompañarles en el nuevo viaje misionero. ¿Por qué no darle otra oportunidad? Pero Pablo se negaba a llevarlo debido a su abandono en el viaje anterior. Lo veía como un desertor que los había dejado en medio de la batalla. No se quería arriesgar. Los dos tenían buenas razones. Bernabé pensaba en la persona y Pablo en la Obra. Tal vez nosotros mismos hemos simpatizado a veces con uno y otras veces con otro. En cualquier caso, la Biblia ni le quita ni le da la razón a ninguno de los dos.
5. La restauración de Marcos
Marcos fue nuevamente el ayudante de Bernabé y esto formó parte de su proceso de restauración. No cabe duda de que la labor de Bernabé fue fundamental para recuperar a Marcos para el ministerio. En cierto sentido, Bernabé se arriesgó cuando tomó nuevamente a Marcos.
Notemos que el primer lugar a donde fueron en su viaje fue a Chipre (Hch 15:39). Este detalle es interesante porque fue precisamente desde allí donde Marcos había abandonado a Pablo y Bernabé en su viaje anterior (Hch 13:13).
Y es que la restauración debe comenzar en el mismo lugar del fracaso, volviendo a aquello que hemos hecho mal. Por ejemplo, el apóstol Pedro negó a Jesús junto a un fuego, y Jesús lo restauró junto a un fuego. Allí había negado al Señor tres veces, y el Señor le preguntó tres veces si le amaba. Sin lugar a dudas el proceso de restauración es doloroso pero necesario.
Marcos volvió a empezar donde lo había dejado. Es verdad que había perdido mucho tiempo, pero el Señor en su misericordia le dio una nueva oportunidad.
6. Marcos llegó a ser un íntimo colaborador del apóstol Pablo
Las siguientes referencias a Marcos las encontramos en las cartas del apóstol Pablo.
(Col 4:10) "Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle."
Como hemos señalado antes, Marcos y Bernabé eran familiares cercanos, y aquí tenemos la prueba de ello.
Pero lo que más nos interesa de este versículo es ver que Pablo había llegado a tener plena confianza en Marcos, hasta el punto de recomendarlo a la iglesia en Colosas en los términos que observamos en este versículo. Marcos había ganado nuevamente la confianza del apóstol, llegando a ser uno de sus colaboradores más apreciados.
Ahora Pablo estaba pidiendo a los creyentes colosenses que lo recibieran como a un obrero del Señor, alguien de peso. Vemos por tanto, que Pablo también restauró a Marcos. Estuvo dispuesto a reconocer las evidencias del cambio.
Tanto Pablo como Bernabé hicieron una gran obra con este hombre, aunque cada uno de ellos con un estilo diferente. Los hombres de Dios deben saber reconocer el verdadero arrepentimiento y ser capaces de restaurar.
(Flm 1:24) "Marcos, Aristarco, Demas y Lucas mis colaboradores"
Aquí vemos que Marcos formaba parte del equipo de colaboradores del apóstol Pablo. Y un dato curioso: en este versículo encontramos juntos a dos de los evangelistas (Marcos y Lucas). Podemos deducir que cada uno conocía la obra del otro.
(2 Ti 4:11) "Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio."
Finalmente, cuando Pablo estaba encarcelado poco antes de ser ejecutado, muestra su deseo de tener a Marcos con él. Es significativo que antes de morir, Pablo deseara que Marcos estuviera a su lado.
7. El apóstol Pedro consideraba a Marcos como su "hijo"
La última mención a Marcos la encontramos en la primera epístola de Pedro:
(1 P 5:13) "La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan."
Marcos acompañó también al apóstol Pedro, siendo un hombre de su confianza. Y a juzgar por la forma en la que se refiere a él: "Marcos mi hijo", deducimos que había un trato muy íntimo entre ellos.
Tal vez podemos pensar que Marcos llegó a conocer al Señor Jesucristo por medio del testimonio de Pedro en aquellos días cuando la iglesia se reunía en la casa de su madre. O tal vez Pedro fue uno de los instrumentos usados por Dios en el proceso de restauración de Marcos después de su abandono en el primer viaje misionero. No sería difícil imaginar esto, ya que Pedro también había tenido que aprender lo que significaba ser restaurado para el servicio después de que él mismo negara al Señor. Nadie mejor que Pedro para entender cómo se sentiría Marcos y ayudarle espiritualmente.
Pero quizás el apóstol tenía también otra intención. Si tal como dicen los escritores del segundo siglo, Marcos había escrito su evangelio bajo las indicaciones de Pedro, una referencia a él como su "hijo" sería la manera en la que el apóstol estaría dando su aprobación a la labor que Marcos había realizado al escribir su evangelio.
En cualquier caso, Pedro y Marcos compartían vivencias importantes en cuanto a su relación con Jesús que facilitaba su unión y compañerismo. Como ya hemos visto, ambos fracasaron en un momento crucial de sus vidas y a ambos se les dio una segunda oportunidad. Esto hacía fácil la colaboración entre ambos.
La influencia de Pedro se percibe a lo largo de todo el evangelio, corroborando así la afirmación de los primeros escritores cristianos.
Escribió lo que muchas veces había escuchado contar a Pedro. Podríamos decir que Marcos ve a través de los ojos de Pedro y lo escribe.
En todos los episodios narrados en su evangelio, Pedro ha estado presente, a excepción de un paréntesis cuando los apóstoles dejaron a Jesús solo al ser enviados por él a predicar. En ese punto el evangelio se detiene y cuenta la historia de la muerte de Juan el Bautista (Mr 6:14-29).
El evangelio de Marcos tiene una conexión directa con la vida y el entorno de Pedro: Junto al mar de Galilea, el lugar de trabajo de Pedro (Mr 1:16); en la sinagoga en Capernaum, la ciudad donde vivía Pedro (Mr 1:21); en la casa de Pedro (Mr 1:29) (Mr 2:1) (Mr 9:33); y con la familia de Pedro (Mr 1:30).
Otro detalle interesante es que el esquema general del evangelio de Marcos coincide con el esquema de la predicación de Pedro en casa de Cornelio y que encontramos en (Hch 10:34-43).
Esta influencia directa de Pedro viene a ser un factor muy importante en vista de su gran autoridad como testigo, apóstol y portavoz de los Doce.
8. El carácter de Marcos: un hombre de "segunda línea" que sirve
Hemos visto a Marcos como "ayudante" de Bernabé, de Pablo y también de Pedro. Estos eran hombres de Dios que lideraron los grandes avances del evangelio y que también escribieron importantes documentos doctrinales.
Pero también los hombres de segunda línea son importantes. Por ejemplo, en el fútbol, los hombres de "segunda línea", es decir, los que ocupan las posiciones en el centro del campo, son fundamentales para los que van en vanguardia, siendo incluso en muchas ocasiones los que marcan los goles.
En los días en que Pablo estuvo encarcelado y no podía viajar, Marcos fue uno de sus hombres de confianza y pudo enviarlo a ciertos lugares (por ejemplo a Colosas), para que llevara a cabo la obra que él mismo no podía realizar por sus circunstancias. Cuando estaba a punto de morir martirizado, Pablo deseaba tener junto a él a Marcos en quien en cierta medida también se apoyaba. Pedro mismo no escribió ningún evangelio, fue Marcos quien realizó esta labor.
Podríamos decir que sin hombres de segunda línea, difícilmente habría hombres de primera línea. En nuestros días hay muchos peleándose por ser hombres de primera línea, pero ¡qué importantes son los que están detrás! Sin ellos, sin su ayuda, sin su trabajo silencioso, sin su disposición al servicio, sin su entrega abnegada y muchas veces no reconocida, estos hombres que figuran en la primera línea, en la mayoría de las ocasiones no podrían hacer nada. El Señor conoce todas estas cosas.
9. Una nota autobiográfica en su evangelio
Un pasaje dentro del mismo evangelio que ha despertado la curiosidad de muchos de sus lectores lo encontramos en:
(Mr 14:51-52) "Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo."
Marcos es el único evangelista que recoge este incidente, y la verdad es que no aporta nada al texto, dejándonos de hecho más preguntas que soluciones. Por todo ello, muchos han llegado a pensar que se trata de un apunte autobiográfico oculto con el que el evangelista firma su libro.
Para entenderlo mejor pensemos en una ilustración: Casi todas las películas del director de cine Alfred Hitchcock contienen un cameo de él mismo. Aparece efímeramente como extra o se ve una imagen suya en algún momento de sus películas, por ejemplo, un mayordomo cruzando por la escena, un hombre leyendo un periódico. Era una forma de identificar sus películas como suyas.
Y con estos versículos es como si Marcos nos estuviera diciendo: "Yo estuve allí".
Si esto último fuera así, entonces el detalle tendría una importancia muy grande para nosotros, porque colocaría a Marcos en las últimas horas de la vida de nuestro Señor Jesucristo en esta tierra, cuando él estaba orando en el monte de Getsemaní y en medio de su posterior arresto.
Sin hacer afirmaciones dogmáticas, podemos imaginar una posible reconstrucción de los hechos de esa última noche:
El aposento alto donde Jesús celebró la última pascua con sus discípulos habría sido la casa de María, la madre de Juan Marcos.
Mientras Jesús todavía estaba reunido con sus discípulos, Judas salió con la intención de entregarle a los judíos.
Cuando Judas regresó con la guardia al aposento alto, Jesús y los apóstoles ya lo habían abandonado para ir al huerto de Getsemaní.
El joven Marcos, que estaría ya dormido en la planta de abajo, fue despertado por la multitud que buscaba a Jesús y salió apresuradamente detrás de ellos para ver qué pasaba.
En Getsemaní se colocó a cierta distancia para ver lo que ocurría, pero después que los discípulos huyeron, él siguió en su escondite hasta que fue descubierto por la guardia, momento en que salió huyendo, dejando la sábana con la que estaba cubierto.
10. Conclusiones
Después de todas estas consideraciones, podemos estar seguros de que el Espíritu Santo eligió a la persona indicada para escribir un relato histórico y fiable acerca de Jesús.
Un joven que vivió en Jerusalén en los días del Señor Jesucristo y que pudo conocer por lo tanto su ministerio e incluso estar presente en sus últimas horas antes de morir.
Un creyente que formó parte de la primera iglesia cristiana y que su misma casa fue centro de reunión de los apóstoles y de los testigos de Jesús.
Un discípulo que acompañó al apóstol Pablo y Bernabé en las primeras etapas de la extensión del cristianismo por el mundo gentil y que era tenido en alta estima también por el apóstol Pedro.
Por tanto, no es de extrañar, que cuando en el siglo II se planteó cuáles eran los libros inspirados, el Evangelio de Marcos fue admitido sin dudas en el canon sagrado, siendo seguramente el primero en ser reconocido en la iglesia del primer siglo como plenamente autoritativo.
viernes, 22 de marzo de 2019
“Y SALIENDO DE LA BARCA, EN SEGUIDA LA GENTE LE RECONOCIÓ”
Jesús sana a los enfermos de Genesaret - Marcos 6:53-56
"Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret, y arribaron a la orilla. Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le conoció. Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba. Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos."
Marcos continúa su relato sobre el ministerio de Jesús mostrándonos el ritmo vertiginoso al que todo estaba ocurriendo, y cómo las multitudes le seguían por todas partes sin darle descanso. Recordemos cómo después de que los discípulos regresaron de la misión a la que Jesús los había enviado, intentaron separarse de la multitud para tener un tiempo de descanso, pero esto resultó imposible porque la gente no dejaba de ir y venir, hasta el punto de que ni aun tenían tiempo para comer. Fue entonces cuando Jesús mostró su compasión por ellos enseñándoles muchas cosas y multiplicando de forma milagrosa unos pocos panes y peces para darles de comer a todos ellos. Pero este milagro generó tal clima de expectación en torno a Jesús, que según nos dice el evangelista Juan, la multitud estaba decidida a hacerle rey. Este ambiente descontrolado, motivó que Jesús hiciera que los discípulos entrarán rápidamente en la barca mientras él mismo se ocupaba de despedir a la multitud. Después de esto, tampoco la noche fue tranquila para los discípulos, que tuvieron que trabajar duro para avanzar en medio del fuerte viento que les era contrario, a lo que debemos añadir el tremendo susto que se llevaron cuando Jesús vino hasta ellos andando sobre el mar. Y finalmente, cuando llegaron a la orilla, nada más bajar de la barca, de nuevo la gente le reconoció y se agolpó en torno a ellos trayendo todos sus enfermos.
Podemos decir, por lo tanto, que en este momento cuando nos acercamos al fin del ministerio de Jesús en Galilea, el entusiasmo de las multitudes se encontraba en su punto más alto.
"Y saliendo de la barca, en seguida la gente le reconoció"
Nuevamente surge la cuestión sobre la identidad de Jesús: "la gente le reconoció". Ahora bien, ¿cómo reconocían a Jesús?
A juzgar por lo que leemos en este pasaje, su interés se limitaba a aprovechar su poder sanador. Y también el evangelista Juan nos explica que Jesús mismo se lamentó porque le buscaban sólo porque esperaban recibir cosas materiales de él, sin que en ningún momento evidenciaran una verdadera fe en su persona.
(Jn 6:25-27) "Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre."
No deja de ser triste todo esto. En el pasaje anterior, los discípulos no lograron identificar a Jesús y pensaron que era un fantasma, porque sus corazones estaban endurecidos y no habían logrado entender las implicaciones del milagro de la multiplicación de los panes. Pero tampoco las multitudes eran mejores, ya que su interés se reducía a aquellas cosas materiales que pudieran sacar de Jesús, bien fuera comida o sanidad para sus cuerpos. Después de tanto tiempo entre ellos, la gente no había logrado comprender adecuadamente quién era Jesús.
"Comenzaron a traer de todas partes enfermos"
Tal como lo explica Marcos, parece como si hubiera cierto elemento de urgencia. Rápidamente corrieron la voz por todas partes y la gente venía porque no querían desperdiciar la oportunidad.
En cierto sentido, todo esto era natural. En otras muchas ocasiones Jesús había demostrado que tenía poder para sanar cualquier enfermedad y también su disposición para hacerlo, por lo tanto, si había enfermos entre ellos, era lógico que se los llevaran a Jesús.
Vemos también un hermoso ejemplo de solidaridad humana. La mayoría de los enfermos no podrían desplazarse desde las otras ciudades hasta donde Jesús estaba, a menos que hubiera alguien que les llevara, y hubo gente que se esforzó por ello. Y dicho sea de paso, nosotros también debemos preocuparnos por buscar y traer personas de todas partes a Jesús para que él la salve.
Pero lo que resultaba vergonzoso, sin embargo, era el egoísmo con el que lo hacían. Y hay que reconocer con tristeza, que esto es algo característico de la naturaleza humana. ¡Cuántas personas hay que sólo acuden a Dios cuando tienen problemas, pero en cambio, cuando todo les va bien, nunca le dan las gracias por nada! ¡Cuántas de nuestras oraciones no son más que una lista interminable de peticiones, sin detenernos por un momento para agradecer a Dios por sus bendiciones o para adorarle por quién es él! ¡Cuántos van a la iglesia únicamente esperando recibir, y se enfadan si no lo consiguen! ¡Cuánto alegraría el corazón del Señor si más a menudo fuéramos a ofrecerle nuestro amor, nuestro servicio y devoción, y mucho menos para reclamar sus beneficios!
Pensemos también en el interés que las personas muestran por la sanidad de su cuerpo y la poca atención que prestan a la salvación de su alma. Estas personas no buscaban a Jesús porque querían escuchar su Palabra, sino sólo porque querían ser curados. Tenían mucha "fe" en los milagros, pero poco interés en la Persona de Jesús y en su mensaje. Y hay que reconocer, que la naturaleza humana no ha cambiado mucho desde entonces. En muchos lugares, cuando se anuncia que va a venir tal o cual siervo de Dios que hace sanidades, las personas acuden por cientos, mientras que si se anuncia una reunión de estudio bíblico, entonces el interés desaparece casi por completo.
"Y todos los que le tocaban quedaban sanos"
A pesar de todo, la gente tenía tanta fe en el poder sanador y en la compasión del Salvador que, como en el caso de la mujer con flujo de sangre (Mr 5:27-30), estaban convencidas de que si al enfermo se le permitía tan sólo tocar el borde del manto del Maestro, se produciría instantáneamente la curación.
Por otro lado, el Siervo estaba a las órdenes y disposición de toda clase de gente, y con su poder y gracia suplió todas sus necesidades.
Este es uno de los más maravillosos cumplimientos de una preciosa y poética predicción, uno de los pasajes más majestuosos del profeta Isaías:
(Is 35:4-6) "Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temías; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo..."
El punto principal de todo esto, es que la gente estaba recibiendo una clara evidencia de que Jesús era el Mesías.
viernes, 15 de marzo de 2019
MUJERES Y HOMBRES DE DISTINTAS CARACTERÍSTICAS EN LAS MANOS DEL SEÑOR
Lidia, la pitonisa y un carcelero (Hechos 16)
Todos los que la conocían bien la respetaban. Era muy distinta a la mayoría de las mujeres de su sociedad. Algunos la criticaban otros la admiraban. No es que ella hiciera algo que no fuera ético, pero en esa sociedad lo normal para una mujer era casarse, tener hijos y cuidar la casa. Esta dama se dedicaba a la venta de púrpura. Se decía que el negocio lo había heredado de su padre. Pero lo que más les disgustaba a algunos era su éxito. Tenía una casa amplia donde vivía con otros miembros de su familia. No sabemos si era viuda o si nunca se había casado. Ignoramos si era judía o si era gentil. Por supuesto que en su ciudad había muchos monumentos a los dioses griegos a quienes los romanos le habían cambiado el nombre pero no el apellido.
Un sábado se animó a concurrir con un grupo de amigas a esa improvisada reunión a la orilla del río. Ella sabía en su corazón que había un Dios único que era el auténtico. Pero ¿cómo determinar cuál de esa lista tan grande de presuntas divinidades era la verdadera? Fue así que aquel día fue a la orilla del río que quedaba a unos 3 kilómetros de la ciudad. Fue entonces que comenzó a hablar un judío llamado Pablo que era ciudadano romano por haber nacido en Tarso. Mientras escuchaba el discurso le pasó algo que no lo pudo explicar. Ella no perdía ni un gesto ni una palabra de todo lo que se decía. De pronto las palabras de ese hombre empezaron a tener sentido. Entonces todas las cosas comenzaron a relacionarse como los eslabones de una cadena. Se dio cuenta que a pesar de ser religiosa y honesta le faltaba algo. Y eso era que no conocía a aquel que dijo "Yo soy la luz del mundo" y "el que me ha visto ha visto al Padre".
Cuando el apóstol concluye su mensaje ella se levanta y con resolución dice "quiero ser bautizada". El predicador quizás le responde "si crees de todo corazón bien puedes".
Pero ella no es la única, varias hermanas y sobrinas también escucharon y aceptaron el mensaje y quieren seguir "el camino" (Hch 16:15).
Varios días después en otra parte de la ciudad los gritos de una muchacha ensordecían. Los dos hombres siguen como si ni nunca la hubieran visto. Los chillidos que parecen aullidos se hacen más estridentes. La gente se amontona y siguen atrás de la joven.
Todo esto había comenzado dos días atrás. Cuando pasaron a descansar durante la noche se creyeron que ya se habían librado de ella pero no fue así. Al salir de la casa los estaba esperando la gritona. En Filipo todos la conocen. Algunos dicen en voz baja que es una embustera pero tienen miedo de ofenderla para que no los maldiga. Otros también opinan que tiene poderes sobrenaturales y que puede predecir el futuro con completa certeza. Otros aseguran que la han visto con la boca cerrada al mismo tiempo que de su ser interior salen palabras con un mensaje secreto. Es mucho más que una adivina, es una pitonisa. Ella dice que se conecta con el dios Apolo y éste le revela lo que va a acontecer. Unos dicen que tienen poderes de los dioses griegos, otros que son de los dioses egipcios. Y hay quien asegura que sus poderes vienen del mismo Satanás.
Pero lo increíble del caso es que de pronto ella comienza a decir algo inusitado. Lo que ella anuncia va en contra de lo que ella es. Además de adivinar, como era común en esos casos hacía otras cosas que no eran virtudes. Cuando profetizaba hablaba del mañana, de cosas malas y de cosas buenas que iban a suceder.
Ese día después que ella ha estado gritando por un buen rato, los dos hombres se detienen y el mayor fija sus ojos en ella. Todos se acercan. La muchacha tiene los largos cabellos negros desordenados como si nunca se hubiera peinado. Sus ojos oscuros son saltones y se mueven a gran velocidad para todos lados. Su ropa tiene colorinches muy distintos a las ropas usadas en esa ciudad.
La pitonisa era una esclava muy productiva. Con sus adivinanzas, sus patrones amasaban semanalmente una buena cantidad de dinero.
La muchacha sigue gritando "Estos hombres son siervos de Dios altísimo que anuncian el camino de salvación" (Hch 16:17).
Pablo fija sus ojos en ella y ve más que lo que todos los otros han visto. Todos veían el resultado de la acción del espíritu satánico pero el Apóstol vio la causa. Con voz fuerte y clara exclama: Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella. La moza pega un grito y cae al suelo. Permanece así por varios segundos que parecen horas sin moverse. Los curiosos se acercan. Uno de ellos le dice a su amigo dándole un codazo: "Esta sí que no la pudo adivinar". El otro le contesta "el demonio del viejo tiene más poder que el de la muchacha". Luego de unos minutos se levanta. Su aspecto ha cambiado. Sus ojos no son más burlones y diabólicos.
Tambaleando se acerca a los dos hombres. Ellos le hablan de ese mensaje maravilloso que Jesús el eterno Hijo de Dios vino a salvar lo que se había perdido. Le enseñan de un Mesías que fue crucificado y resucitó. Le hablan de la sangre preciosa de la cruz que limpia de todo pecado. Ella se arrepiente, lo acepta y recibe el perdón de sus pecados.
Aún están conversando cuando aparecen tres hombres gritando a voz en cuello. La muchacha empieza a temblar como una rama movida por el viento. ¡Ven con nosotros! le ordena el mayor, tú eres nuestra. La jovencita está atemorizada pero se coloca detrás de Pablo y Silas y dice: "Yo soy de Cristo nunca volveré a mi vida de antes".
Más gente se aproxima. Los hombres gritan con más fuerza. Vienen las "autoridades" de la ciudad. Como no entienden bien lo que pasa deciden darles una paliza a los dos hombres siguiendo el principio que si no se sabe si es culpable o no, lo mejor es castigarlos en forma "preventiva". En el alboroto la jovencita se escapa. De ahí en adelante le dice a todas sus amistades: "El Señor Jesucristo me ha perdonado, ha cambiado mi vida, y quiero vivir para honrarle".
Esa tarde Lidia no puede creer lo que le dicen. Pablo y su compañero han sido atacados por el populacho y fueron puestos en la cárcel. La tristeza cubre el rostro noble de esta mujer. Ella sabe que son inocentes y que su única "culpa" es la de anunciar ese camino.
Esa noche convoca una reunión urgente de oración al pequeño grupo de creyentes. Oran para que el Señor Todopoderoso le dé fortaleza a Pablo y a Silas en esa hora de prueba. Ruegan también para que pronto sean puestos en libertad. La reunión de oración en que estas mujeres claman al Eterno con todo su corazón se prolonga. Siguen orando aunque ellas ignoran que allí en las profundidades de ese edificio oscuro y temido, dos hombres son fortalecidos en sus corazones por la oración de intercesión de ellas.
Por fin están prontas para retirarse. Ya es la medianoche. El paso de los centinelas con el ruido metálico de sus lanzas y escudos se ha escuchado. De súbito se siente una vibración. El suelo comienza a temblar pero estas mujeres no tienen miedo. Saben que Dios ha escuchado sus oraciones.
Al día siguiente dos hombres llaman a la puerta. Tienen aspecto de cansados y se observa la evidencia de los golpes que han sufrido con hematomas en los ojos, la frente y los labios, que a fuerza de golpes fueron cortados. Pero ellos no están tristes ni quejándose. Se están gozando en el Señor de su salvación. Uno de los presentes les pregunta: ¿Por favor dígannos que les pasó? El Apóstol con una sonrisa en esa cara desfigurada les responde: "A vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él" (Fil 2:29).
La historia bíblica y nosotros
Lidia es la primera convertida al Evangelio en Europa. La muchacha con el espíritu de pitón es al parecer la primera liberada de un demonio en el viejo continente. El carcelero de Filipos es probablemente el primer hombre gentil convertido en Europa.
Dios en su omnipotencia utiliza tres personas muy distintas al comienzo de la iglesia. Sería difícil encontrar tres personas más diferentes del punto de vista social y psicológico.
Lidia se nos presenta como una mujer seguramente pudiente que posee una casa espaciosa donde puede fácilmente albergar visitantes. Se dedica al comercio del colorante púrpura, pero además ella era una inquisidora espiritual. Tenía temor reverencial de Dios. No sabemos cómo había adquirido ese conocimiento.
Fue ese sábado cuando escuchaba atentamente al Apóstol que "Dios le abrió el corazón". Ambas cosas suceden en fracción de segundos. Ella estaba atenta. Ha decidido voluntariamente poner atención al mensaje y el Todopoderoso la ilumina abriéndole el corazón.
No podemos dejar de citar en relación a la iluminación espiritual de Lidia al Apóstol quien nos enseña: "Pero si nuestro evangelio está encubierto entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios" (2 Co 4:4).
Lidia tiene así el privilegio de ser la primera gentil bautizada en Europa. Una lección que esta mujer aprende muy rápido en su vida cristiana es que muchas veces los siervos de Jesucristo experimentan persecución y ostracismo.
Es interesante observar cómo estas tres clases de personas tan distintas habrán tenido un impacto en la obra de evangelización en Filipo.
La ex pitonisa sería bien conocida en la comunidad, y algunos la mirarían con desprecio al acordarse de su vida anterior dedicada a la hechicería. Al ver el cambio completo en su vida llamaría mucho la atención.
Si bien el texto no nos dice específicamente que se convirtió, el hecho de que el demonio fue expulsado y su vida cambió radicalmente, está a favor de esta posición. Sus ex patrones se dieron cuenta que ella no iba a volver nunca más a esa actividad. Por otra parte, en el Nuevo Testamento la expulsión de demonios siempre se acompaña con un cambio importante de la vida sugiriendo la conversión.
Creo que se pueden aplicar las palabras del Apóstol escritas años después a la misma iglesia en Filipos: "Estando persuadido de esto que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil 1:6).
Sin duda que Lidia era la que tenía las conexiones en el mundo de los negocios y también los vínculos femeninos.
Dios en su omnipotencia utiliza tres personas muy distintas al comienzo de la iglesia en Filipos. Una mujer comerciante, una jovencita que antes había sido una adivina y un carcelero probablemente un militar jubilado.
Es admirable el hecho de que el Señor en su gracia tiene en su Iglesia personas tan distintas que quizás algunos de nosotros no estaríamos muy contentos en nuestras congregaciones. Nuestro Señor dijo en referencia a una mujer pecadora: "Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama" (Lc 7:47).
Quizás no le fue fácil al principio a una mujer como Lidia, de valores religiosos y de una posición social bastante elevada, aceptar a la ex pitonisa como su hermana en Cristo, pero creemos que lo hizo. El carcelero se supone que era un veterano de guerra romano, y por supuesto, tendría una puerta abierta grande en la comunidad militar. Filipo era bien conocido en todo el mundo romano.
De la misma manera que un experto pintor con pocas pinceladas puede decir mucho de su arte, la breve narración nos da bastante información sobre Lidia.
1) Era emprendedora: Se nos enseña claramente que vendía púrpura. El diccionario nos dice que un emprendedor es uno que acomete con resolución acciones dificultosas o azarosas. Hay personas que en situaciones en las que hay que hacer algo en concreto se escudan en que están orando y no hacen nada. Las Escrituras nos enseñan: "¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de reyes estará; no estará delante de los de baja condición" (Pr 22:29).
2) Era temerosa de Dios. Se nos dice que "adoraba a Dios". Por lo tanto podemos concluir que tenía sabiduría dado que el "principio de la sabiduría es el temor de Jehová" (Pr 1:7). El término temor de Dios es una palabra poco apreciada en el día de hoy. Ella tenía un concepto de la santidad de Dios muy alto. No quería ofenderlo. La grandeza, la potencia y la sabiduría de Dios eran atributos que la maravillaban.
3) Era obediente. Cuando Pablo le presentó el plan de salvación y el Señor le abrió el corazón, ella acató el mensaje. Es probable que el Apóstol le citó las palabras del Señor: "el que creyere y fuere bautizado" (Mr 16:16).
4) Era consciente de la evaluación espiritual de otros "si habéis juzgado que yo sea fiel".
5) Era hospitalaria "entrad en mi casa y posad". No sabemos por cuantos días.
6) Era insistente. "Nos obligó a quedarnos" (Hch 16:15).
7) Era constante. Recibe a Pablo y Silas después de haber sido encarcelados (Hch 16: 40).
8) Estaba dispuesta a tomar su posición ayudando a dos siervos de Dios que habían sido castigados y encarcelados corriendo ella misma y su familia el riesgo de la ira de la multitud.
9) Era humilde. Ella dice "si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad" (Hch 16:15). En su trabajo estaba acostumbrada a que otras personas evaluaran los productos que ella tenía para vender. En general no nos gusta el ser juzgado en nuestra teología y nuestro andar por otras personas. Pablo lo hacía y dijo con lágrimas en sus ojos: "porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando que son enemigos de la cruz de Cristo" (Fil 3:18).
El líder que hay en cada uno
Lidia es una mujer que es una líder natural. Tiene su propio negocio, al parecer exitoso, en un mundo donde los hombres dominan en el comercio.
El líder tiene una mente abierta y busca la verdad y trata de investigar. Ella lo demuestra al estar a la orilla del río con esas mujeres que están escuchando hablar a un tal Pablo de Tarso.
El hecho de invitar a estos dos huéspedes que son personas de alta educación, sugiere que es una persona hospitalaria. Su residencia es probablemente espaciosa.
Ejerce el liderazgo en forma natural en su propia casa.
Cuando ella decide ser bautizada, los demás miembros de su familia lo hacen. No hay mención de personas del sexo masculino.
Antes uno de sus principales preocupaciones eran su religión y su negocio. Ahora su fe en el Señor Jesucristo y cómo servirle es su meta principal en su vida.
Detalles técnicos
El púrpura era un colorante que se usaba en el teñido de las vestimentas. Solamente lo utilizaban los nobles, los oficiales de importancia, o la clase acaudalada. Era muy costoso. Esta mujer al parecer había establecido un negocio exitoso. El estar en contacto con colorantes obtenidos de los cuerpos muertos de los gusanos, nos indicaría que probablemente no era israelita.
El hecho de que esta mujer comerciaba con púrpura, sería semejante en el día de hoy a alguien que tiene un negocio de alta costura.
El pitón era una serpiente mística que cuidaba el templo del dios Apolo. Posteriormente se entendió que una pitonisa era una persona endemoniada por medio de la cual el pitón hablaba.
Algunos plantean que la voz era inspirada por el espíritu maligno y era semejante a lo que hace un ventrílocuo al modificar su voz en forma tal que parece que viene de lejos y simular a otras personas o sonidos.
De acuerdo a la tradición judía, para empezar una sinagoga tenía que haber a lo menos diez hombres cabezas de familia que se comprometieran a reunirse regularmente. Por lo tanto, se puede deducir que no había sinagoga en Filipos.
Lidia y la muchacha pitonisa
Lidia era una mujer madura, mientras que la pitonisa era sólo una muchacha. Lidia era temerosa de Dios, mientras que la pitonisa estaba poseída de un "espíritu malo". Lidia escuchó cuidadosamente y estaba atenta a lo que Pablo decía, mientras que la pitonisa seguía al apóstol gritando e interrumpiendo. Lidia fue bautizada y la pitonisa fue liberada. Lidia servía al Señor y la pitonisa no siguió adivinando (Fil 1:6). Lidia tenía una casa y familia, mientras que la pitonisa tenía unos patrones que la usaban.
sábado, 9 de marzo de 2019
DENLES USTEDES DE COMER
Marcos 6:30-44
"Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. El les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto. Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor, y compren pan, pues no tienen qué comer. Respondiendo él, les dijo: Dadles vosotros de comer. Ellos le dijeron: ¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Y al saberlo, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos. Y comieron todos, y se saciaron. Y recogieron de los pedazos doce cestas llenas, y de lo que sobró de los peces. Y los que comieron eran cinco mil hombres."
Después de su viaje misionero, los doce apóstoles volvieron a encontrarse con Jesús y le explicaron todo lo que habían hecho. En este contexto, el Señor los llamó aparte para que tuvieran un tiempo de descanso con él, pero su tranquilidad se vio interrumpida por las multitudes que llegaron en su búsqueda.
Toda esta situación viene a confirmar el impacto que el ministerio de Jesús, y ahora también el de los apóstoles, había tenido sobre toda la nación. Nos encontramos por lo tanto, en uno de los clímax del ministerio de Jesús. La predicación y los milagros que Jesús y sus discípulos habían hecho a lo largo de toda la nación, habían despertado en ella las expectativas y anhelos profundos de las antiguas profecías de una edad venidera de paz universal y de un paraíso sin dolor. Ellos habían llegado a creer que todo esto estaba a punto de cumplirse en Jesús, y por eso le seguían incansablemente.
En cuanto a nuestro relato, debemos notar también que aunque el milagro fue hecho en beneficio de la multitud, sin embargo, fueron los apóstoles los que ocuparon el papel principal, mientras que la multitud tenía un papel secundario y pasivo, aunque necesario. Por lo tanto, no debemos perder de vista que el Señor continuaba enseñando principios fundamentales a sus discípulos de cara a su ministerio futuro y que iremos considerando.
"Venid vosotros aparte y descansad"
Es hermoso ver la preocupación del Señor por las personas; primero por los discípulos para que tuvieran ocasión de descansar, y luego por las multitudes hambrientas y cansadas.
Pero aquí hay también una lección imprescindible para los obreros que dedican su vida a la obra del Señor: es importante buscar tiempos de descanso junto al Señor. El servicio en la obra del Señor produce un gran desgaste físico, emocional y espiritual. Y si bien nuestras almas han sido redimidas, no así nuestros cuerpos, que sólo pueden soportar cierta medida de esfuerzo y trabajo. Por lo tanto, es sabio apartar tiempo para recuperar fuerzas y también para buscar tiempos de refrigerio con el Señor.
Marcos nos describe la actividad de esos días como frenética: "eran muchos lo que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer". Fue en este contexto en el que el Señor les llevó a un lugar desierto en busca de paz. Y esto nos recuerda que siempre hay dos extremos en los que fácilmente podemos caer en la vida cristiana.
El activismo. Son aquellas personas que parecen creer que si no están ocupados constantemente, están perdiendo el tiempo. Siempre están inmersos en actividades y proyectos, en muchos casos, muy por encima de sus posibilidades reales. Pero ningún siervo de Dios tendrá un ministerio efectivo a menos que tome tiempo para estar con el Señor. En muchos casos, esta actividad frenética en la que nos podemos ver inmersos, le impide a Dios la oportunidad de hablarnos, y a nosotros de escucharle. ¿Y cómo podremos hablar a los demás de parte de Dios, si no hemos tenido tiempo primero de escucharle a él?
En el otro extremo, se encuentran los que se retiran demasiado para estar con Dios, y rara vez encuentran la ocasión para tener comunión con sus semejantes. Pero la devoción que no conduce al servicio a nuestro prójimo, no es verdadera devoción.
"Y le contaron todo lo que habían hecho"
Aquí hay otro principio de gran utilidad para todos los cristianos que sirven al Señor: deben presentar su obra ante aquel que es la Cabeza de la Iglesia, con el fin de pedirle consejo, dirección, fuerza y ayuda. Pero también para hacerle entrega de nuestro servicio como una forma más de adoración.
La pérdida de contacto con Cristo, nos puede llevar a una situación en la que pensemos que estamos sirviéndole adecuadamente, cuando en realidad estamos tomando iniciativas que no cuentan con su aprobación. Por esto, la constancia en la oración, y el dar tiempo para escuchar la voz de Dios son fundamentales para un servicio fiel.
Notemos también, que Jesús escuchó todo su relato con atención. Con facilidad olvidamos que él está mucho más interesado en su Obra que lo que nosotros lo estamos.
Y aunque notamos a los discípulos eufóricos mientras compartían con Jesús cada detalle de lo que habían hecho durante su viaje, todavía tenían muchas cosas que aprender, así que, había que continuar con las lecciones.
En muchas ocasiones, a nosotros también nos ocurre lo mismo; después de una experiencia de victoria en el Señor, creemos que ya hemos llegado a la meta, pero el Señor se ocupa de despertarnos a la realidad de que todavía tenemos que seguir aprendiendo y alcanzando nuevas metas. Lo que ellos tenían que aprender lo vamos a ver más abajo.
"Muchos los vieron ir... y se juntaron a él"
El descanso que Jesús buscaba para sus discípulos no iba a tener lugar todavía. Las multitudes invadieron su intimidad. Cuando la gente vio marcharse a Jesús y a sus discípulos en una barca con la intención de cruzar el lago, se dieron prisa y fueron a pie hasta el otro lado, llegando antes que ellos.
Sin duda, era de apreciar el interés que las personas tenían por estar con Jesús. Pero también es de admirar la forma en la que Jesús enfrentó este cambio de planes. Tal vez muchos de nosotros no habríamos actuado con la misma ternura de Cristo si un hermano necesitado viniera a interrumpir inoportunamente nuestro tiempo de descanso.
"Tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor"
Ya hemos dicho que Jesús no se molestó por esta intromisión, sino que lleno de misericordia por su condición, renunció a su descanso.
Pero, ¿por qué dijo Jesús que "eran como ovejas que no tenían pastor"? Por un lado, estaban sus líderes espirituales, que como ya hemos señalado en otras ocasiones, no les alimentaban con la Palabra de Dios, sino que toda su enseñanza consistía en transmitirles tradiciones humanas. Como dijo Jesús, eran "ciegos guías de ciegos" (Mt 15:14). Si los líderes espirituales de la nación carecían de vida espiritual, ¿cómo podrían conducir a las personas sencillas bajo su cuidado? Por otro lado, estaban sus líderes políticos, que no estaban en mejor condición. Ya vimos en el pasaje anterior la calidad moral del rey Herodes, y de sus príncipes, gobernantes y principales de Galilea. Todos ellos eran hombres corruptos, injustos, esclavos de sus propias pasiones y pecados. Eran usurpadores de un trono y un gobierno del que no eran dignos.
No es de extrañar, por lo tanto, que Jesús viera a las multitudes como ovejas sin pastor. Y en el fondo de sus corazones, las propias multitudes que seguían a Jesús, sentían esta misma necesidad y anhelo por encontrar a un auténtico pastor. ¡Y cuántas personas en nuestro mundo moderno se encuentran en la misma situación!
La situación de una oveja sin pastor es realmente grave, y Jesús escogió esta ilustración a propósito. Una oveja sin pastor no sabe encontrar el camino, ni pastos, ni agua. Y está indefensa ante los innumerables peligros que le acechan.
Cabe preguntarnos en este momento dónde están esos pastores que cuidan de las ovejas con un corazón tierno y compasivo. En el pasaje que meditamos, los mismos apóstoles deberían haber compartido con el Señor el interés por la multitud, pero en lugar de ello, lo único que pensaron es en que ya era hora de despedirlos para que fueran a "buscarse la vida". ¿Somos nosotros mejores que ellos? ¿Comprendemos el espíritu de Cristo y lo sentimos dentro de nosotros? ¿Nos compadecemos como él por las ovejas que están sin pastor?
"Y comenzó a enseñarles muchas cosas"
Notemos la primera forma en la que Jesús mostró su compasión por las personas: "les enseñó muchas cosas".
La mayoría de las personas no interpretan que dar un largo sermón sobre la Biblia pueda ser considerado un acto de compasión, pero están equivocadas. Contrariamente a lo que nosotros tal vez habríamos esperado, Jesús comenzó atendiendo sus necesidades espirituales. Y en segundo lugar, se preocupó de la comida material. Es decir, Jesús no les dio de comer para que vinieran al estudio bíblico.
"Despídelos para que vayan y compren pan"
Los apóstoles tomaron la iniciativa de informar a Jesús de la situación (como si él no se hubiese dado cuenta). Con esto, pusieron en evidencia lo inadecuadas que eran sus ideas hasta ese momento en cuanto a la Persona y la obra de Cristo. Aunque a ellos les parecía que lo más razonable, en vista de las circunstancias, era despedir a la multitud, Jesús no tenía ninguna intención de hacerlo. Su problema es que estaban actuando con lógica, pero no con fe. Y como alguien ha dicho, siempre hay una alternativa razonable a la fe, y ellos la habían encontrado.
En realidad, lo que los discípulos estaban pensando, es que aquella multitud no era responsabilidad suya. Pero Jesús va a enseñarles que sí que tenían una responsabilidad con ellos. Tal vez, los pensamientos de los discípulos podrían ser estos: nosotros no les hemos dicho que vengan, de hecho, teníamos otros planes que hemos tenido que interrumpir por culpa de ellos, además, nosotros no somos responsables de ellos, ya son mayorcitos y tendrían que haber pensado en lo que hacían, si ahora no tienen pan, es su problema y mejor que se vayan pronto o se quedarán sin cenar.
Aquí estaba la diferencia con Jesús: la misma multitud que despertaba la compasión del Señor, era una molestia para los discípulos. Jesús, como el buen pastor, hacía suyo el problema de la gente, y si los apóstoles querían llegar a ser fieles seguidores de Jesús, tendrían que aprender este importante principio. Y nosotros también, porque esta forma de pensar que ellos manifestaron, no está lejos de nuestros propios corazones. Con cuanta destreza somos capaces de quitarnos de encima cualquier responsabilidad de hacer algo para ayudar a los demás.
"El lugar es desierto, y la hora ya muy avanzada"
Todo en el relato pone de relieve la pobreza de los hombres:
El lugar era desierto.
La proximidad de la noche.
La gran multitud de hambrientos.
Las proposiciones inadecuadas de los discípulos.
La provisión humana era a todas luces insuficiente.
Ahora lo que tenían que aprender es que es precisamente en medio de la pobreza donde Cristo obra con mayor claridad y poder. El principio que debían aprender es que en las manos de Jesús, lo poco es siempre mucho.
Y nosotros también debemos aprenderlo, porque con mucha facilidad miramos lo poco que somos y nos inunda el mismo pesimismo derrotista que a los discípulos. Debemos aprender que si nos ponemos en las manos de Cristo, él puede usarnos de forma maravillosa para traer esperanza y vida a muchos otros. Debemos echar fuera de nosotros esa forma de pensar que nos lleva a creer que puesto que hay cosas que no podemos hacer por nosotros mismos, no vale la pena ni intentarlo.
"Dadles vosotros de comer"
Pero para sorpresa de los discípulos, Jesús les mandó a ellos que alimentasen a la multitud. Con esto les estaba enseñando que ellos tenían una responsabilidad frente a las necesidades de la multitud y que no podían desentenderse de ella.
Y de hecho, debían considerar esto como un enorme privilegio. No olvidemos que Jesús podía hacer esto por sí mismo, sin necesitar de la ayuda de los discípulos. Sin embargo, el Señor quería que ellos colaborasen con él. El hecho de que los hombres seamos llamados a ser colaboradores de Dios, en un increíble privilegio que de ninguna manera merecemos. Sin duda es una evidencia más de su infinita misericordia.
También debían aprender un principio básico: "Más bienaventurado es dar que recibir" (Hch 20:35). La obra del Señor no puede avanzar si no es con esta mentalidad. Pero el hombre natural, siempre piensa en recibir, no en dar.
Cuando Jesús les mandó hacer esto, ellos deberían haber sabido que Jesús les daría también el poder y los recursos necesarios para hacerlo. Es cierto que los discípulos nunca habían visto antes a Jesús hacer un milagro de esta magnitud, y ellos mismos, a pesar del éxito de su reciente misión, tampoco habían hecho nada parecido. Pero tenían que aprender a confiar en Jesús en cada nueva circunstancia, sabiendo que su poder no tiene límites.
"¿Qué vayamos y compremos pan?"
En la respuesta de los discípulos, vemos sus dificultades para estar a la altura de lo que el Señor les estaba mandando. No entendieron lo que Jesús les decía porque estaban pensando en términos humanos: "¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?". Pero también porque estaban reaccionando con incredulidad. No pensaban que lo que el Señor les estaba diciendo fuera posible. Se parecían a los israelitas en el desierto: "Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto?" (Sal 78:19). Volvía a manifestarse en ellos el conflicto entre realismo y fe.
"¿Cuántos panes tenéis?"
Antes de que el Señor pudiera actuar en beneficio de las multitudes, era necesario que se dieran cuenta de su propia insuficiencia. No debemos olvidar que la venida del Reino sólo se puede establecer cuando el hombre reconoce su propia incapacidad y pide a Dios que actúe con su poder.
Al mismo tiempo, la pregunta serviría para que se dieran cuenta de que cuando el discípulo coloca en las manos del Señor lo poco que tiene, él es capaz de multiplicarlo de forma milagrosa. Por esta razón, nunca debemos pensar que "somos poca cosa" cuando pensamos en el servicio para el Señor, porque en sus manos, aun el hombre o la mujer más sencillos, pueden ser un medio de bendición para muchos.
"Les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos"
A pesar de que los discípulos no habían estado a la altura de lo que el Señor les había mandado, sin embargo, no por eso los desechó, sino que siguió contando con ellos. Ahora les mandó algo mucho más sencillo, como era organizar la multitud por grupos, aunque sin embargo, volvía a demandar de ellos la fe, porque no sabían todavía lo que Jesús iba a hacer.
Con esto, el Señor estaba preparando a sus discípulos para lo que sería su futura tarea: alimentar a las multitudes con la Palabra de Dios, en dependencia completa del Señor.
"Levantando los ojos al cielo"
Jesús invocó los poderes del cielo para que irrumpiesen una vez más en este mundo y transformasen sus raquíticos recursos en cantidad más que suficiente para alimentar a las multitudes. Al hacerlo de esta manera, les estaba dando una lección muy gráfica de que su poder venía del mismo cielo. No debían buscar la fuente de su poder en ninguna otra parte, como maliciosamente proponían los escribas (Mr 3:22).
Debemos recordar que por medio de Cristo, nosotros ahora también tenemos abiertas las puertas del cielo para acudir en busca del "oportuno socorro" (He 4:16).
"Y recogieron lo que sobró"
Sin lugar a dudas, esta fue una maravillosa manifestación del poder creador del Señor Jesús. Él aceptó la minúscula provisión, para después de haberla bendecido, volverla a dar a los hombres de forma aumentada. De hecho, tan maravillosa fue su provisión, que los trozos que quedaron, doce canastas llenas, era mucho más que la provisión con la que habían comenzado. Todo esto nos muestra que Dios es un dador generoso.
No olvidemos tampoco que la vida de fe es ordenada y cuidadosa, y en ninguna manera admite el despilfarro.
El significado del milagro
Este milagro es un anticipo de lo que el Reino de Dios será cuando llegue a su plena manifestación. Isaías en su manera poética había prometido (Is 25:6-9) que un día Dios prepararía un banquete para todas las naciones del mundo, una fiesta de ricos manjares, vinos de solera, platos buenos y suculentos, las bebidas más exquisitas. Un elemento de ese banquete divinamente nutritivo sería la abolición por siempre de la muerte, y el cese de toda lágrima. El milagro que el Señor realizó con la multiplicación de los panes y peces, prefiguraba este gran banquete futuro.
Por otro lado, el evangelista nos quiere mostrar el contraste entre el pasaje anterior, donde nos presentó al rey Herodes y el Señor Jesucristo. Herodes, conocido como "el rey de los judíos", era una hombre carente de compasión. Lejos de atender a las necesidades del pueblo, acababa de matar a uno de sus grandes líderes espirituales, Juan el Bautista (Mr 6:14-29), en medio de un gran banquete. Ahora, Marcos presenta al verdadero "Rey de los judíos". Demuestra su compasión por el pueblo, y su disposición de servirles y atenderles, terminando el día, dándoles un tremendo banquete a la orillas del mar de Galilea.
sábado, 23 de febrero de 2019
LE DIJO JESÚS: “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA; EL QUE CREE EN MI, AUNQUE ESTÉ MUERTO, VIVIRÁ.”
El hecho histórico de la Resurrección
Los Doce como testigos
Cuando llegó el momento de llenar el hueco que la traición y muerte de Judas dejó en el cuerpo apostólico, y como preparación para el testimonio del Día de Pentecostés, Pedro se dirigió a la compañía de discípulos en el aposento alto con estas palabras: "Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección" (Hch 1:21-22). La crucifixión de Jesús había sido un acto público, conocido por todos, y que nadie contradice hasta el día de hoy. Es diferente en el caso de la Resurrección corporal del Señor, ya que su veracidad depende del testimonio de quienes le vieron durante los cuarenta días que mediaban entre la Resurrección y la Ascensión, siendo los principales testigos los doce apóstoles, que no sólo eran excelentes y honrados observadores de los acontecimientos, sino también siervos de Dios señalados e inspirados para colocar las primeras piedras de la Iglesia sobre su fundamento, el Señor Jesucristo. No eran los únicos, pues las primeras noticias del gran hecho fueron dadas a las piadosas mujeres que se mencionan en los relatos finales de todos los Evangelios. Los "dos" que caminaban a Emaús no eran de los Doce, y en algún caso el Señor resucitado fue visto por más de quinientos hermanos juntos a la vez (1 Co 15:6). Con todo, el peso de la evidencia depende de aquellos hombres que habían sido escogidos precisamente para ser "testigos de su Resurrección". Pedro, pues, guiado por el Señor, vio la necesidad de un testimonio completo de parte de los Doce cuando viniera sobre ellos el Espíritu Santo.
La Persona de Cristo antes y después de la Muerte y Resurrección
Pedro insiste en la necesidad de que el nuevo testigo de la Resurrección hubiese acompañado al Maestro durante el curso total de su ministerio, o sea, desde el bautismo de Juan hasta la Ascensión. La razón es evidente, puesto que la prueba consistía en que los testigos tuviesen la completa seguridad de que durante los cuarenta días veían a la misma Persona que habían conocido tan íntimamente durante un período de como tres años y medio. Una persona es conocida por su manera de ser y sus actitudes, apreciadas a través de sus palabras y hechos. No bastaba haber visto un Ser maravilloso con un cuerpo especial, aparentemente libre de la sujeción a lo material y al tiempo y espacio; se precisaba la absoluta convicción de que aquel Ser era Jesús de Nazaret, el mismo que consumó tan maravilloso ministerio en la tierra, y el mismo que tantos testigos habían visto en la Cruz, comprobando el hecho de su muerte física. Aun nosotros, guiados por las narraciones al final de los cuatro Evangelios, podemos comprobar que el Resucitado obraba y hablaba delante de los Once, de María Magdalena, de los dos que caminaban a Emaús, etc., exactamente como lo había hecho frente a sus amigos anteriormente a la Pasión. Su modo de vivir es distinto, como ser resucitado, pero su Persona es exactamente igual. Fue esta convicción lo que transformó a once hombres temerosos, que se escondían en un aposento alto por miedo de los judíos, en valientes testigos de lo que habían oído y visto, dispuestos a enfrentarse con el Sanedrín, llegando hasta acusar al tribunal de haber entregado a su Mesías, y anunciando la Resurrección y glorificación de Jesús como Señor y Cristo. Pedro y Juan hicieron este resumen de su actitud y comisión ante el Sanedrín después de escuchar las amenazas que siguieron a la curación del cojo: "Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído" (Hch 4:19)(Hch 5:29-32). Sin el hecho de la Resurrección, los Doce no se habrían convertido en valientes campeones de la verdad, y la Iglesia no habría nacido en el Día de Pentecostés; tales resultados, con visibles consecuencias hasta nuestro tiempo, exigen una causa, que no puede ser otra que la resurrección corporal del Señor (Hch 10:40-41) (Hch 13:30-31) (1 Co 15:3-8).
¿Qué queremos decir por "la resurrección corporal" de Cristo?
La primera vez que el Señor resucitado se puso en medio de los Once, éstos se turbaron, creyendo que veían un espíritu. El Señor se empeñó en quitarles esta idea, insistiendo en la realidad de su cuerpo. Acordémonos de que Cristo era el Dios-Hombre, y no había de ser menos Hombre después de la Pasión y la Resurrección que antes, diciendo el apóstol Pablo que nuestro Mediador es "Jesucristo HOMBRE" (1 Ti 2:5). Aun en el caso de los creyentes, la resurrección no disminuirá su plena humanidad, sino que la completará, escribiendo Pablo: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Ts 5:23) (1 Co 15:42-54). Y Cristo constituye las "primicias" en este proceso de resurrección, del cual nosotros seremos la cosecha (1 Co 15:20-22). La perfecta humanidad de Cristo, pues, exige que tenga Cuerpo, si bien, después de la gran Obra ya realizada, un cuerpo de resurrección.
En el cenáculo el Señor declara: "Yo mismo soy", que enfatiza lo que ya dijimos sobre la identidad de su personalidad tanto antes como después de la Muerte y la Resurrección; pero no se contenta con señalar la continuidad de su personalidad, sino que dice a los discípulos: "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo... Les mostró las manos y los pies... Les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó y comió delante de ellos" (Lc 24:36-43). No pretendemos resolver todos los problemas que surgen de estos versículos, pero es evidente que el Señor se presentaba a los discípulos como Hombre, y siendo la misma Persona que habían conocido antes, los suyos pudieron comprobar el hecho, no sólo por los rasgos tan conocidos de aquella personalidad, sino por palpar un cuerpo de carne y huesos, ya que el hombre es un ser constituido por espíritu, alma y cuerpo. Ahora bien, este cuerpo real había experimentado un cambio, ya que podía presentarse en medio de ellos estando cerradas las puertas. Por lo que podemos deducir, podía comer, pero no necesitaba alimento material. Recordemos que, al dar una acertada contestación a los saduceos sobre la resurrección, el Maestro había dicho antes de la Pasión: "Los hijos de este siglo se casan y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo, y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección" (Lc 20:34-36). No dice el Señor que los creyentes llegarán a ser ángeles en la resurrección, pertenecen a un género totalmente distinto, sino que serán iguales a los ángeles en su modo de subsistencia, y deducimos que sus cuerpos serán reales, pero independientes de la presente sujeción a un mundo material. El Señor es "el Primogénito de entre los muertos" (Col 1:18), y como él es, así seremos nosotros en cuanto a la humanidad. El término "hijos de la resurrección" quiere decir que nuestro modo de subsistir depende del hecho de la resurrección, y que reflejaremos sus características. La personalidad es permanente en todos los casos, pero Dios determina lo que ha de ser el cuerpo y cómo ha de actuar después del hecho determinante de la resurrección.
La importancia primordial de la Resurrección del Señor
El testimonio público de los Apóstoles
Ya hemos notado que los Doce, los "Apóstoles testigos", habían de dar testimonio de la Resurrección de Cristo. El caso de Pablo es distinto, ya que, en las fechas del ministerio y Resurrección del Señor, era enemigo de la verdad, de modo que no podía compartir con los Doce sus experiencias peculiares: aquellas pruebas indubitables, de los cuarenta días. Sin embargo, Pablo vio al Señor resucitado cerca de Damasco (1 Co 9:1) (1 Co 15:8). Los dos primeros sermones públicos de Pedro después del Día de Pentecostés (Hch 2-3) constituyen la proclamación de un testigo de la Resurrección, pues en los dos acusa a los judíos de haber dado muerte a su Mesías, insistiendo en que Dios le resucitó y le glorificó (Hch 2:24-33) (Hch 3:13-18). No pudo haber bendición para los judíos aparte de este gran hecho, que era la prueba de que el Señor había derrotado a Satanás, quitando de en medio el pecado y la muerte. Los demás discursos e intervenciones de los apóstoles en los Hechos enfatizan la importancia fundamental de la Resurrección como prueba de la Deidad y la obra mesiánica de Jesucristo, y también fuente de la vida nueva en el caso de los creyentes (Hch 13:30-37) (Ro 1:3).
Los argumentos de Pablo
Cuando se trataba de probar el hecho de la resurrección del Señor, Pablo hacía referencia a los testigos de los "cuarenta días" (Hch 13:30-31). A la vez, revestido de autoridad apostólica, afirmaba la verdad de la Resurrección como pilar indispensable de la predicación del Evangelio, resumiendo la esencia del mensaje de esta manera en (1 Co 15:3-4): "Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó el tercer día, conforme a las Escrituras". Se había infiltrado en la iglesia de Corinto una herejía que negaba la resurrección en general: error que Pablo refutó haciendo ver que si los creyentes no habían de resucitar, Cristo tampoco resucitó. En cuanto al hecho de la Resurrección del Señor, existía evidencia abundante que detalla en (1 Co 15:6-8). Ya notamos su afirmación de que si no existe resurrección en términos generales, Cristo tampoco resucitó, y si falta este hecho fundamental del Evangelio, la fe de los creyentes es vana, la predicación de todos los apóstoles es falsa, y aquellos que se consideraban como creyentes aún se hallaban en sus pecados (1 Co 15:3-19). Sin esta esperanza, la familia de Dios no sería más que una compañía de tristes desesperados, sabiendo que no hay satisfacción en esta vida y sin esperanza para la venidera. Naturalmente, Pablo rechaza el error y adelanta la verdad histórica, que coincide con la verdad revelada: "Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos; primicias de los que durmieron... Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (1 Co 15:20-22).
El testimonio del Maestro
Normalmente, cuando el Maestro anunciaba de antemano los sufrimientos y muerte del Hijo del Hombre, añadía la profecía: "y resucitará al tercer día"; misterio que los discípulos no eran capaces de comprender entonces (Mt 16:21). El era "la Resurrección y la Vida", según demostró delante de la tumba de Lázaro, y notemos que "resurrección" precede a "vida", pues estando los hombres en estado de muerte no habría sido posible ofrecerles la vida aparte del hecho de la muerte y de la resurrección del Hijo del Hombre. En cuanto a los suyos, enfatizaba la esperanza de la resurrección, viendo en ella la consumación de su obra a favor de ellos, repitiendo varias veces en el discurso sobre el "Pan de vida": "Y yo le resucitaré en el día postrero" (Jn 6:39,40,44,54).
Las profecías del Antiguo Testamento
Pablo, al afirmar el hecho de la resurrección de Cristo, añadió: "según las Escrituras". Anteriormente, el Maestro mismo había declarado ante sus discípulos en el cenáculo: "Así está escrito y así fue necesario que el Cristo (el Mesías) padeciese y resucitase de los muertos al tercer día" (Lc 24:46). No es muy fácil para nosotros hallar profecías concretas de la Resurrección del Mesías en el Antiguo Testamento, bien que, iluminada nuestra mente por la revelación del Nuevo Testamento, es posible discernir la presencia de la doctrina en todo el desarrollo del Plan de la Redención. Tanto Pedro como Pablo citan el Salmo 16 como predicción de la Resurrección del Mesías, y tenemos que tomar en cuenta que el elemento profético de los Salmos surge de las experiencias de David y de otros salmistas, pasando a veces la descripción de lo humano a un plano más elevado y sublime que no pudo cumplirse en la vida de los autores. Así las expresiones: "No dejarás mi alma en el Seol ni permitirás que tu Santo vea corrupción" pasan más allá de la liberación de David de alguna enfermedad, y enfoca la luz de la revelación en el Hijo de David (Hch 2:23-31) (Hch 13:35-37). En el profundo Salmo 22 se nos revela la lucha interna del Mesías en la Cruz, y después de estar "en la boca del león" y "en los cuernos de los búfalos", de repente se halla anunciando el nombre de Dios a sus hermanos (Sal 22:1-24). El mismo Señor vio en Jonás, arrojado del vientre del gran pez con el fin de predicar en Nínive, una figura de su muerte y su resurrección (Jon 2) (Mt 12:39-40). ¿Y qué diremos de la abrupta transición de (Is 53:10-11): "Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días... verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho"? No se emplea el vocablo "resucitar", pero se pasa de la muerte expiatoria a la plenitud de la vida.
El testimonio de Job
En medio de su amarga aflicción, Job deseaba a veces la muerte física, y, más a menudo, anhelaba la posibilidad de exponer su caso delante del Trono de Dios con el fin de aclarar el misterio de su crisis de dolor. En un momento de iluminación (Job 19:23-27) aprendió que sus inquietudes hallarían su solución en la resurrección del cuerpo, exclamando: "Yo sé que mi Redentor (Vindicador) vive, y al fin se levantará sobre el polvo. Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios, al cual veré por mí mismo, y mis ojos le verán y no otro". Parece ser que la luz fue como la de un relámpago, pasando rápidamente, pero con (Dn 12:2-3) constituye la declaración más clara de la resurrección corporal del creyente individual en el Antiguo Testamento, asociándose con la vida de su Vindicador. Tengamos en cuenta que la revelación de la verdad en el Antiguo Testamento es progresiva, lo que no anula la veracidad de ninguna de sus partes; sin embargo, este principio nos hace esperar que cada verdad tenga su debido desarrollo según el plan que Dios determina, llegando a su más clara expresión bajo el Nuevo Pacto.
La resurrección, simbolizada en el Antiguo Testamento
En cuanto a símbolos, en (Gn 22) vemos a Isaac cargado con la leña, y luego extendido sobre el altar con el cuchillo cerca de su garganta. Momentos después es el carnero el que sangra sobre el altar, mientras que Isaac está de pie, rebosando salud, y señalado como el heredero de la promesa. Se trata de una figura doble en que el carnero prefigura al "Cordero de Dios" inmolado, e Isaac al Señor triunfante sobre la muerte. Más ejemplos hay, y la gran lección que Abraham tuvo que aprender se resume en (Ro 4:17-22): "Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos".
La debilidad de las objeciones de los incrédulos
Cómo se establecen hechos históricos
El concepto de lo que es posible o imposible en este mundo ha variado bastante a través de los siglos, siendo un hecho innegable el que nuestros antepasados habrían negado enfáticamente la posibilidad de la televisión, los vuelos de reactores, viajes a la Luna, etc., que han surgido de la aplicación del método científico a los sistemas de comunicaciones. Nuestro conocimiento del ser humano es muy limitado aún, y es tan antifilosófico como antibíblico afirmar que no es posible el hecho de la resurrección corporal del Señor Jesucristo. La verdad es que un hecho histórico se establece por el testimonio concordante de buenos testigos; en el caso de la Resurrección la evidencia es abundante, siendo de toda confianza los testigos. Mencionamos algunas de las objeciones, con refutaciones basadas en la evidencia a mano.
"Hay discrepancias en los relatos de los cuatro Evangelios"
Los Evangelistas pusieron por escrito sus recuerdos de sus propias experiencias, o el testimonio que habían recibido de otros testigos, escogiendo entre múltiples hechos lo que convenía a su propósito al redactar su libro. La distancia entre la tumba y las casas de las mujeres y de los discípulos era corta y ocurren muchos incidentes que afectan a diversas personas en un tiempo muy limitado. Si Mateo y Lucas hubiesen escrito exactamente en los mismos términos, cualquier juez acostumbrado a cribar evidencia acerca de un acontecimiento complejo, hubiera sospechado una confabulación anterior. Los detalles en todos los Evangelios son gráficos, libres de dramatismo, y corresponden a lo que ciertos testigos vieron en los momentos de su observación. Unos testifican de ciertos detalles y otros de otros complementarios, sin que quede en duda ni por un momento la realidad del gran hecho central. Estas llamadas "discrepancias", pues, tienden más bien a confirmar la verdad, ya que sólo reflejan distintos aspectos y momentos de la dramática verdad que los ángeles anunciaron: "No está aquí; ha resucitado".
"Los discípulos robaron el cuerpo del Señor e inventaron la especie de que había resucitado"
He aquí el primer intento de formular una teoría alternativa que anulara la verdad proclamada por los apóstoles (Mt 28:11-15). Es evidente que hace caso omiso de toda la evidencia de los Evangelios, que es la única que tenemos. O admitimos el testimonio de los Doce y sus compañeros, o dejamos obrar la imaginación del crítico que desea creer cualquier teoría antes de admitir el gran hecho histórico. Precisamente los temores anteriores de los jefes de los judíos (Mt 27:62-66) constituyen evidencia que desacredita la teoría, antes de formularse. ¿Qué hacían allí los hombres de la guardia? ¿No bastaba la fuerza de estos hombres armados para resistir a un grupo de hombres pacíficos y medrosos? Y si se hubiesen dormido, ¿cómo pudieron saber que eran los discípulos precisamente los que habían robado el cuerpo? ¿Cómo podía quedar en la tumba el ropaje que retenía las especias usadas por José de Arimatea y Nicodemo? (Jn 20:3-10). En fin, la teoría falsea toda la evidencia que tenemos en cuanto al gran hecho.
"Jesús no murió en la Cruz, sino que sufrió un desmayo. Recobrando las fuerzas por la mañana, salió de la tumba"
Si el Señor no hubiese entregado su espíritu al Padre antes, la lanzada del soldado le habría rematado, lo cual era la intención del golpe (Jn 19:34-37). Aparte de un milagro tan grande como el mismo de la Resurrección, un hombre debilitado por el látigo romano y los horrores de la Cruz sería completamente incapaz de quitar la piedra desde dentro, y los soldados estaban allí para impedirlo de todas formas.
"Los discípulos, sugestionados por los grandes deseos que tenían de volver a ver a Jesús, sufrieron una serie de alucinaciones, imaginando que le veían, de modo que las manifestaciones sólo se revisten de un valor subjetivo, sin llegar a ser hechos reales"
Quizás esto podría haber sucedido en algún caso individual si los discípulos hubiesen tenido una fe ciega en la resurrección de su Maestro. Lejos de ello, sin embargo, estaban sumamente desanimados, desilusionados y temerosos (Jn 20:19). Las mujeres no acudieron a la tumba de madrugada con la idea de ver a su Señor resucitado, sino para embalsamar su cuerpo para el sueño de la muerte, preocupadas por el problema de cómo habían de remover la pesada piedra que cerraba la entrada (Mr 16:3). No existían, pues, las condiciones necesarias para alucinaciones de tipo optimista, sino todo lo contrario.
"La narración tradicional de la Resurrección es un mito que encierra hondas verdades espirituales, sin que tenga categoría histórica"
Quizás ésta es la teoría más popular entre teólogos liberales de nuestro tiempo. La escuela de "la crítica de forma" preparó el camino para las teorías más radicales de R. Bultmann, quien no ve más que una relación muy tenue entre la plena proclamación de Pablo del "Señor de la gloria" que venció la muerte y resucitó, y los vestigios históricos y tradicionales que se recogen en los cuatro Evangelios. Los relatos, según estas extrañas elucubraciones, surgen de las predicaciones de los evangelistas de los años 50 d. C. en adelante, que querían ilustrar dramáticamente lo que consideraban ser la verdad en cuanto a Cristo. Según esta teoría, los relatos han de ser desmitificados, ya que el hombre moderno no puede creer en la Encarnación, ni en los elementos milagrosos del ministerio del Señor, ni en su resurrección corporal. La Muerte de Jesús, según estos teorizantes, es un hecho que encierra hondas lecciones de orden moral, y pudo haber luego fenómenos subjetivos que infundieron en los discípulos la idea de un nuevo principio de vida, relacionada con Cristo. R. Bultmann y su escuela no conceden valor evidencial a los relatos de los evangelistas, aparte de unos fragmentos que su "discernimiento" de críticos descubre. En fin, la Resurrección corporal es un mito que tiene cierto valor en su género, pero que no ocurrió según los relatos de los evangelistas.
Nuestro primer comentario es que, si aceptáramos la teoría que acabamos de exponer, los evangelistas de los años 50 en adelante tendrían que ser hombres extraordinarios, ya que podían inventar relatos y crear una personalidad que han hecho hondísima impresión en multitudes de hombres sabios a través de casi dos mil años, incluyendo entre ellos eruditos de primer rango, conocedores no sólo del idioma original, sino de todas las normas de la exégesis literaria. Como ejemplo reciente citamos el caso de C. S. Lewis, de Cambridge, polígrafo destacadísimo, además de filósofo; después de explorar a fondo, como incrédulo, las esferas de sus especialidades, por fin halló la verdad en Cristo, tal como se presenta en los Evangelios: que luego aceptó sin dificultad, como documentos históricos.
En segundo término, no hubo tiempo para tales cambios y desarrollos. Ya vimos, al hablar de la historicidad de los Evangelios, que apenas mediaban veinte años entre la Cruz y las epístolas de Pablo a los tesalonicenses, escritos que reflejan doctrinas cristianas en pleno desarrollo y consonantes con los Evangelios: dato que en sí anula las suposiciones de los "críticos de forma" y de la escuela de Bultmann, ya que vivían aún muchos testigos que no admitirían una tergiversación de los hechos evangélicos.
"Los discípulos vieron un espíritu que se hacía visible a la manera de las evocaciones espiritistas"
En su lugar recalcamos el empeño del Señor de convencer a los discípulos que se presentaba ante ellos en cuerpo humano y no como espíritu, pero quizá vale la pena añadir algunas palabras de refutación, ya que es una de las hipótesis más corrientes. Es legítimo proponer la pregunta siguiente: ¿Qué se había hecho con el cuerpo durante las manifestaciones del Señor? Sin duda la tumba estaba vacía, y si el Sanedrín hubiese podido exhibir el cuerpo, habría cortado de raíz todo rumor sobre una resurrección. El hecho es que no lo hicieron porque el cuerpo había resucitado, no tratándose sólo de un espíritu que permanecía. Los Evangelistas refieren por lo menos diez manifestaciones, quizás había muchas más, que se produjeron bajo las más variadas condiciones y circunstancias. Lucas, al introducir el libro ahora llamado Los Hechos de los Apóstoles, escribió: "(Jesús), después de haber padecido, se presentó vivo (a los discípulos) con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del Reino de Dios" (Hch 1:3). Pedro insiste en la realidad de esta manifestación al predicar el Evangelio en la casa de Cornelio diciendo: "A éste (a Jesús) levantó Dios al tercer día e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos" (Hch 10:40-41) (Lc 24:41-43) (Jn 21:1-15).
Resumen de las pruebas
Dios hizo amplia provisión para dar fe del hecho de la resurrección corporal del Señor Jesucristo después de su victoria sobre la muerte para espiar el pecado en la Cruz (He 2:14-15). Se trata sencillamente de aceptar el testimonio de las Sagradas Escrituras o de inventar algo diferente. El hombre "Jesús", que muchas veces embellece las obras de los teólogos de escuelas contemporáneas, no es aquel que se presenta en los únicos escritos que testifican de él. En definitiva, se trata o de recibir la fe que fue una vez para siempre dada a los santos, o de predicar "otro evangelio" que lleva ciertas referencias, escogidas arbitrariamente, a "Jesús", sin que tengan relación con la evidencia de las Sagradas Escrituras (Jud 1:3). Ya hemos notado los argumentos de Pablo en (1 Co 15), quien probaba que si el Evangelio no abarca la Resurrección del Señor no pasa de ser una triste ilusión. La salvación depende de nuestra fe en Cristo muerto y resucitado: "Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de entre los muertos, serás salvo" (Ro 10:9-10).
viernes, 15 de febrero de 2019
“¿QUÉ TENGO YO QUE VER CONTIGO, HOMBRE DE DIOS? ¿HAS VENIDO A RECORDARME MIS PECADOS Y A HACER MORIR A MI HIJO?"
(1 Reyes 17:17-24)
El niño corría por las polvorientas calles del pueblo de Sarepta. Subía por la escalera que estaba fuera de la casa para tratar de ver qué era lo que estaba haciendo el visitante. Su madre muchas veces le decía:
— ¡Niño, no subas la escalera, no molestes al varón de Dios! Pero aquella mañana con el cielo gris, el niño no corría como antes. La enfermedad fue muy breve y el desenlace llegó casi por sorpresa.
Una de las tareas más difíciles de un médico es atender a un niño con una enfermedad terminal como el cáncer o una enfermedad infecciosa mortal. Y cuando ese médico es padre, resulta aún más difícil.
La viuda de Sarepta había tenido que reorganizar su vida después del fallecimiento de su esposo. Luego sobrevino la crisis económica internacional, que produjo hambre no sólo en Israel sino también en Tiro y Sidón.
Y "aconteció después de estas cosas que cayó enfermo el hijo de la mujer, la dueña de casa, y su enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento" (1 R 17:17). Parecería que lo que provoca la muerte del niño es algo que tiene que ver con la respiración o los pulmones. No sabemos si tuvo una neumonía, una pulmonía severa, como una "bronconeumonía", o si su estado se debió a una debilidad de los músculos respiratorios por una afección del sistema nervioso, como la que produce la poliomielitis que, por supuesto, puede causar la muerte por asfixia. Pienso que, por frecuencia, las causas más comunes de muerte en un niño con los síntomas descritos son neumonía (pulmonía), poliomielitis, o difteria.
En el versículo siguiente, la mujer derrama su corazón y dice: "¿Qué tengo yo contigo, oh hombre de Dios? ¿Has venido a mí para traer a la memoria mis iniquidades y hacer morir a mi hijo?". Vemos en esta madre la reacción natural de un ser humano ante una tragedia de tal magnitud. Sin embargo, esta mujer reconoce la santidad del profeta de Dios. A veces, cuando nuestros amigos nos conocen íntimamente, se dan cuenta de que no somos tan "santos". Pero no es así con el profeta Elías. Por eso, ella cree que la tragedia de su hijo obedece a causas referidas a su propio pasado. Probablemente, en su juventud habría participado del culto a Baal. El profeta de Dios ha estado predicando públicamente el juicio de Dios en forma de sequía a causa del pecado de idolatría. Sabemos que el rey Acab lo consideraba su enemigo. Antes del capítulo 17, Elías ha tenido una actuación nacional denunciando el pecado de Acab y de Israel. Antes de que se encontrara con el profeta, esta mujer vivía una vida "normal"; no se consideraba mejor ni peor que los demás a su alrededor. Bien es cierto que vivía en la zona donde reinaba el padre de esa mujer impía llamada Jezabel.
Pero ahora que la muerte ha golpeado a la puerta de su casa, se pregunta: "¿Será posible que la muerte de mi hijo sea el resultado del pecado en mi vida?". Al compartir sus pocas pertenencias con el profeta, la mujer había demostrado que tenía temor reverencial de Dios. Esa fue la razón por la cual el Señor le mandó al mismo profeta Elías. Pero ahora que tiene delante de su presencia a este hombre tan santo, se da cuenta de que ella no es tan justa como se creía. Ella le pregunta al profeta: "¿Qué tienes contra mí? ¿Qué es lo que te he hecho para que me pase esto que parece un castigo de Dios?". Evidentemente, su concepción de Dios no era del todo correcta. Estaba acostumbrada a esas divinidades paganas que castigaban cruelmente a sus adoradores, si estos no hacían lo que ellas querían. Pero nuestro Dios no es así. El profeta Jeremías lo dice claramente: "Por la bondad del Señor es que no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad" (Lam 3:2223). La frase "¿Qué tengo yo contigo?" se podría interpretar así: "¿Qué tienes en contra de mí?". Sin duda, Elías no tenía nada en contra de ella. La presencia del profeta en su hogar la había salvado del hambre. Otros interpretan que esta frase significa algo así como: "¿Qué tenemos en común tú y yo? Yo soy una pecadora y tú eres un hombre de Dios; esta relación me ha dañado".
Esta señora ha sufrido por lo menos tres grandes reveses en su vida.
Primero, perdió a su esposo. Quizás su consuelo era que tenía un niño sobre el cual ella podía volcar todos sus afectos y esperanzas.
El segundo golpe sobreviene con el hambre. Entonces ella se resigna a morir con su hijo después de comer el último plato de comida. Dios utiliza la presencia del profeta para preservarlos en esta situación tan difícil. Note que ella no se queja a Dios de lo que ha acontecido.
Y ahora, con la muerte de su hijo, ha llegado el tercer golpe. La realidad es que ella no había hecho nada especial para merecerse este castigo. Dios, en su infinita sabiduría y providencia, ha permitido que esta tragedia sucediera. Por supuesto, tampoco nosotros podemos entender los propósitos de Dios cuando nos pasa algo grave. Es una bendición y consuelo saber que "Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito" (Ro 8:28).
Esta madre se está atormentando con la dolorosa pregunta: "¿Por qué a mí?". A menudo, tenemos la tendencia a sospechar que las desgracias que sufrimos se deben a un pecado personal. Cuando los discípulos vieron al ciego de nacimiento le preguntaron a Jesús: "¿Quién pecó, este o sus padres, para que naciera ciego?", y la respuesta del Señor fue: "No es que este pecó ni tampoco sus padres. Al contrario, fue para que las obras de Dios se manifestaran en él" (Jn 9:23).
El profeta Elías va a mostrarle a la viuda esta misma verdad que, muchos años después, Jesús enseñaría a sus discípulos: "Y él le respondió: Dame tu hijo. Lo tomó del seno de ella, lo llevó al altillo donde él habitaba, y lo acostó sobre su cama" (1 R 17:19). Sin duda, este niño no era desconocido para Elías. Al viajar, muchas veces me he hospedado en casa de hermanos en la fe. Casi siempre hay un niño o una niña. Los dos primeros días tienen vergüenza frente al huésped. Si les preguntamos el nombre, salen corriendo con la cara colorada. Pero después de unos días se empiezan a acercar. Y yo me imagino que exactamente esto fue lo que sucedió con este niño. Sin duda, se había establecido una relación entre el profeta y el niño. Así que, cuando el profeta ora a Dios, no lo hace por un niño desconocido sino por un ser humano con quien él ha tenido contacto por más de un año.
Quizás usted se pregunte cuál sería la razón por la que Elías tomó al niño y se lo llevó a su cuarto en el altillo. Creo que hay varias posibilidades a considerar. En primer lugar, este no fue un milagro como los registrados en el Nuevo Testamento, en los que el Señor Jesús daba una orden verbal y el milagro se producía instantáneamente. Aquí el profeta va a interceder intensamente por este niño. Se va a "estirar" sobre el niño de la misma manera que después lo va a hacer el profeta Eliseo. Quizás, para la madre, era muy difícil entender lo que el varón de Dios estaba haciendo. Cuando el Señor Jesucristo resucitó a la hija de Jairo, no permitió que entrara en la habitación nadie más que el padre, la madre y los tres discípulos escogidos (Juan, Pedro y Jacobo). Cuando sanó al sordomudo, se separó de la gente. Las Escrituras nos dicen: "y tomándole aparte de la multitud, metió los dedos en sus orejas, escupió y tocó su lengua" (Mr 7:33). Lo mismo hizo con el ciego de Betsaida: "Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea" (Mr 8:23).
Pero creo que hay algo más a considerar y es que su "dormitorio" se había convertido en el lugar de su lucha en oración. Allí el profeta Elías ha estado muchas horas en oración sintiendo la presencia de Dios. Ese es el mejor lugar para llevar al niño. Si la batalla espiritual ha de ser peleada, ese es el mejor territorio para ganarla. No sabemos la edad del niño, pero era lo suficientemente pequeño como para que el profeta lo pudiera levantar en sus brazos sin problemas. No creo que fuera uno de ésos jovencitos de 15 años que pesan 80 kilos.
Me imagino la escena. Elías lo toma en sus brazos cuidadosamente y con cariño. El profeta ha estado en esa casa durante más de un año y seguramente se ha encariñado con este niño. Pienso en la madre cuando permite que el cuerpo muerto del hijo que ella había engendrado quede en las manos del varón de Dios. Yo no sé si podemos captar la intensidad de esta escena. Ella ignora qué es lo que el profeta tiene en mente. ¿Se imagina usted qué hubiera sucedido si el profeta hubiera regresado con el niño muerto y se lo hubiera devuelto a su madre en esa condición?
Creo que tampoco Elías sabe bien lo que va a hacer, pero lo toma en sus brazos y hace lo único que sabe hacer en esas circunstancias: orar al Señor. El texto sagrado nos enseña: "y lo acostó sobre su cama" (1 R 17:19). En aquellos tiempos, muchas casas tenían una especie de "altillo", un cuarto sobre el techo, separado de la casa, al cual se podía llegar por medio de una escalera exterior. Al no tener comunicación interna con la casa, nadie podía desconfiar de la conducta moral de la viuda ni de Elías. Leamos ahora el versículo 20: "Entonces, clamando al Señor dijo: ¡0h Señor, Dios mío! ¿Aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciendo morir a su hijo?". Note que no es una oración monótona y sin energía. El profeta está clamando a Dios desde lo profundo de su corazón. Primero reconoce el señorío y la autoridad de Dios. Luego parecería que le reprocha a Dios por la muerte del niño. Digo "parecería" porque el profeta Elías es un hombre muy temeroso de Dios. Es un hombre de oración que tiene un conocimiento de Dios muy especial y muy íntimo. Podía orar a Dios de una manera que puede parecernos casi irrespetuosa, pero que en verdad no lo era. Muy a menudo, en las oraciones del Antiguo Testamento se esgrimen argumentos frente a Dios. El que ora le da a Dios una buena razón por la cual espera que él haga lo que se le está solicitando. Por ejemplo, cuando Abraham intercede por Sodoma, dice: "No se enoje mi Señor, si hablo sólo una vez más: Quizás se encuentren allí diez" (Gn 18:32).
Sobre la base de esta costumbre, Elías pregunta al Señor: "¿Aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciendo morir a su hijo?" (1 R 17:20).
En algún sentido, "acusa" o hace responsable a Dios de lo que ha sucedido. En segundo lugar, le "recuerda" a Dios que no ha tenido en cuenta lo que esta viuda ha hecho por el profeta. ¡Qué bueno es para nosotros saber que "Dios no es injusto para olvidar vuestra obra"! (He 6:10). El profeta Jeremías lo expresa muy bien al decir "Justo eres tú, oh Señor, para que yo contienda contigo. Sin embargo, hablaré contigo sobre cuestiones de derecho" (Jer 12:1).
El relato nos cuenta que, después de presentar sus argumentos frente a Dios, el profeta "se tendió tres veces sobre el niño y clamó al Señor diciendo: ¡Oh Señor, Dios mío, te ruego que el alma de este niño vuelva a su cuerpo!" (1 R 17:21).
Dios hace maravillas ante una pérdida irreparable
El profeta de Dios que se tiende tres veces sobre el niño nos trae al corazón a aquel que es Dios manifestado en carne. Las Escrituras nos cuentan que, en el huerto de Getsemaní, Jesús "se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú" (Mt 26:39). Elías se tendió tres veces sobre el niño y oró. Jesucristo se postró en tierra sobre su rostro tres veces y oró.
Trate de visualizar la escena. El profeta se tiende sobre el pequeño cuerpo del niño muerto y no pasa nada. Lo hace una segunda vez y no pasa nada. Creemos que en cada ocasión repite la misma oración. Quizás nosotros nos hubiéramos dado por vencidos la primera o la segunda vez. Pero Elías era un hombre de oración perseverante. Observe que su oración es muy concreta. Entonces "el Señor escuchó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a su cuerpo, y revivió" (1 R 17:22).
Es un consuelo saber que el Señor, en su compasión, también nos escucha. Por eso, las Escrituras nos animan en (He 4:16): "Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia para que alcancemos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro".
El niño comienza a respirar, abre sus ojos, se sienta sobre la cama y ve el rostro lleno de lágrimas del varón de Dios. Abre su boca y dice algo así como: "¿Dónde estoy? Elías, ¿qué estoy haciendo aquí?". Quizás no tiene una respuesta inmediata. El siguiente versículo nos dice que "Elías tomó al niño, lo bajó del altillo a la casa y lo entregó a su madre. Luego Elías dijo: ¡Mira, tu hijo está vivo!".
Se acaba de producir el primer milagro de resurrección registrado en la Biblia. El profeta lleva al niño desde el altillo hacia donde está su madre. Allí está ella. Su rostro inclinado al suelo, mientras las lágrimas cubren su semblante. De pronto, una voz fuerte la interrumpe y le dice: "¡Mira, tu hijo vive!". La mayoría de nosotros hemos llevado el cuerpo de un ser querido para ser sepultado, pero los creyentes sabemos que ahí no se termina todo. Los creyentes en Jesucristo tenemos alguien más eficiente que Elías. En el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo dice: "Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios traerá por medio de Jesús, y con él, a los que han dormido" (1 Ts 4:13-14). Elías subió los peldaños llevando un cuerpo muerto, pero bajó la escalera del aposento de la mano de un niño lleno de vida. El Señor Jesús bajará del cielo y llevará a los suyos "porque el Señor mismo descenderá del cielo con aclamación, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero" (1 Ts 4:16).
El relato de 1 Reyes concluye diciendo: "Entonces la mujer dijo a Elías: ¡Ahora reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra del SEÑOR es verdad en tu boca!" (1 R 17:24). Parecería que el hecho de que durante más de un año ella y su hijo han sido alimentados milagrosamente no ha sido suficiente para convencerla de que Elías es un hombre de Dios. Después del milagro de la harina y el aceite ella sabía que Elías tenía "poderes" extraordinarios. Pero ahora que su hijo ha sido resucitado todo ha cambiado. Ella sabe que algo ha pasado en su vida, algo que nunca jamás ha sucedido. Un día vamos a estar en la presencia de Dios. Allí veremos a aquellos hermanos en la fe cuyos cuerpos entregamos a la tierra esperando el día de la resurrección. ¿Se imaginan cuál será nuestro sentir al verlos allí resucitados en la misma presencia del Señor? Diremos como la mujer de Sarepta: "¡Ahora reconozco que la palabra del Señor es verdad!".
La madre toma a su hijo, lo abraza, lo besa y llora con lágrimas de gozo que sólo Dios puede dar. Ella puede decir, como dirán los samaritanos muchos años después: "Ya no creemos a causa de la palabra tuya, porque nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo" (Jn 4:42). En mi opinión, la referencia de (He 11:35) puede ser una alusión a esta viuda: "Mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección".
Dios tenía un plan y en ese plan van a instruirse por lo menos cinco clases de personas.
En primer lugar, la viuda va a aprender que el profeta tiene una relación extraordinaria con el Dios de Israel. Y que ese Dios, a diferencia de los que ella conoció en su paganismo, puede hacer maravillas cuando oramos a él.
Segundo, va a instruirse al mismo profeta Elías en cuanto a que el Señor tiene un propósito en nuestras pruebas y tragedias.
Tercero, ese niño va a aprender mucho cuando crezca y se le explique con detalles todo lo que sucedió.
Cuarto, Eliseo, el futuro sucesor de Elías, va a aprender cómo actuar en una situación similar, resucitando al hijo de la viuda sunamita (2 R 4:33-34).
En quinto lugar, usted y yo aprendemos que el Señor Jesús es aquel que vino "para destruir por medio de la muerte al que tenía el dominio de la muerte" (He 2:14). Un día, el profeta sigue su camino y se despide de la viuda y de su hijo. Allí queda una pequeña familia que ha experimentado la verdad de que Dios es el padre de los huérfanos y el defensor de las viudas. La tormenta fue tremenda pero el arco iris fue mucho más hermoso.
Algunas acotaciones médicas sobre la muerte del niño
Las causas más comunes de muerte en un niño con los síntomas descritos son neumonía (pulmonía), poliomielitis o difteria. También debe ser considerada la posibilidad de otras enfermedades infecciosas del sistema nervioso. En la difteria, el microbio produce unas toxinas o venenos muy poderosos que dañan órganos vitales como el corazón. Quiero destacar que cuando la muerte se produce por una enfermedad infecciosa o tumoral, se debe a la destrucción o daño severo de órganos vitales. En el caso de la neumonía, por ejemplo, los pulmones tienen un daño extenso. En la resurrección de este niño se producen por lo menos los siguientes tres actos simultáneos:
1. El alma vuelve al cuerpo (1 R 17:22).
2. El daño ocasionado por la enfermedad es restablecido completamente. Es decir, este niño no quedó con un "pulmón de menos".
3. El agente que causó la enfermedad, como la bacteria, el virus o la célula cancerosa es completamente destruido. De lo contrario, pocos días después el niño hubiera muerto nuevamente.
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