miércoles, 24 de mayo de 2017
BUSCANDO LA VERDADERA LIBERTAD
17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
2 Corintios 3:17-4:2
"El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad".
Sólo el Espíritu de Dios hoy puede levantar el velo y ayudarnos a ver que Cristo es el Salvador. Solamente Él puede hacerlo, es el único que puede realizar ese milagro. Pablo estaba hablando a su pueblo en su día, como lo hizo Simón Pedro. Simón Pedro dijo en el libro de los Hechos, capítulo 10, versículo 43: "De éste dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados". si no podemos ver al Señor Jesucristo en el Antiguo Testamento, entonces, el Espíritu de Dios no es nuestro Maestro, porque el Espíritu de Dios toma las cosas de Cristo y nos las muestra. El Espíritu de Dios nos libera de la ley y nos lleva a Cristo. Cuando Él lo haga, nos daremos cuenta de lo que quiere decir aquí, el versículo 18:
"Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y contemplando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados con más y más gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor".
Este pasaje de las Escrituras es extraordinario. Pablo ha estado hablando sobre el velo en el corazón; luego, cuando acudimos a Cristo, el velo es quitado. Ahora, como creyentes, estamos mirando al Señor Jesucristo. Pero incluso como creyentes, nuestros ojos están velados cuando hay pecado en nuestras vidas. Pero cuando ese pecado es confesado y recuperamos la relación de compañerismo con Él, podemos contemplarle. Entonces, con el rostro descubierto, contemplamos como en un espejo la gloria del Señor. La idea en este versículo no es la de reflejar para transformar, sino más bien la de contemplar hasta ser transformados. Entonces, podemos reflejar Su imagen. Por eso creemos que una traducción más exacta es la siguiente: "contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu".
Es cierto que la Palabra de Dios es el espejo al cual tenemos que mirar, y entonces contemplamos a Cristo. Por tal motivo debemos permanecer en la Palabra de Dios y mirarle a Él. Al contemplar al Señor Jesucristo usted es transformado. Como dijo el apóstol Pedro, en su primera carta, capítulo 1, versículo 23: "Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece para siempre". También la Palabra de Dios nos transforma y éste es un aspecto muy importante, porque en la Palabra de Dios nosotros podemos ver al Señor, tal como Él es. En la palabra de Dios usted ve a Cristo sin un velo que impida una visión clara y esto es maravilloso.
¿Queremos ser como Cristo? Entonces, debemos pasar tiempo contemplándole, tal como le vemos en las páginas de las Sagradas Escrituras, con el deseo de ir creciendo espiritualmente e imitarle para que, por la obra del Espíritu Santo en su vida, pueda cada vez más parecerse a Él. Dicen que las personas que, unidas por el amor han llegado a moldear sus personalidades con la convivencia diaria, y que comparten un mismo sentir en cuanto a la persona del Señor Jesucristo, se van pareciendo cada vez más, incluso físicamente. Por ello decimos que la contemplación de la imagen y el ejemplo de Cristo que nos revela la Biblia, y el escuchar Sus Palabras, sus enseñanzas, por la obra del Espíritu Santo, va desarrollando en nosotros un parecido con la persona del Señor.
2 Corintios 4:1
Y, tenemos aquí, otro aspecto del consuelo de Dios. Vimos en el primer capítulo el consuelo de Dios para los planes de la vida. Luego, en el segundo capítulo observamos el consuelo de Dios al restaurar a los creyentes que habían pecado, y en el capítulo 3, vimos una exposición del consuelo de Dios en el glorioso ministerio de Cristo. ¿No es cierto que ese capítulo 3 fue algo extraordinario? Pues bien, nosotros no vamos a descender de la cima de la montaña, sino que vamos a continuar aquí arriba para considerar, en este capítulo 4, el consuelo de Dios en el ministerio del sufrimiento por causa de Cristo. Quizá tengamos que subir aún un poco más arriba, y no estamos seguros de lo que vamos a encontrar en una atmósfera en la que se nos hace muy difícil respirar. El apóstol nos invitó a subir más alto, y eso es lo que queremos hacer. Leamos, pues, el primer versículo de este capítulo 4, de la Segunda epístola a los Corintios:
"Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos".
Este es el ministerio, dice, el ministerio glorioso. Dios nos ha entregado un mensaje que ningún ser humano podía haber concebido. Para un hombre sería imposible crear un plan como el que presenta el Evangelio. Ningún hombre lo podría haber inventado. Yo no encuentro ninguna otra razón por la cual Él me haya permitido entrar en esta actividad, que no sea Su misericordia. Como ya dijimos anteriormente, Dios es rico en misericordia. Él no agotó toda Su misericordia antes de llegar a mí porque Él vio que yo necesitaría mucha compasión, y Él ha sido rico en misericordia para conmigo. Y como tiene lugar al amparo de Su misericordia, no desmayamos, sino que nos alegramos de poder llevarlo a cabo.
Resulta interesante estudiar religiones comparadas. La diferencia entre el Cristianismo, el Evangelio de la gracia de Dios, consiste en que las religiones del mundo les piden a sus fieles que hagan algo. En cambio, el Evangelio me dice que Dios ha hecho algo por mí, y yo tengo que creerlo, tengo que confiar en Él. La única manera de venir a él es por fe. Ésa es la forma de acercarme a Él, porque sin fe, es imposible agradarle. En contraste, como ya hemos dicho, las religiones y sectas requieren que uno se esfuerce en hacer algo. Algunas de estas sectas dicen que uno debe tener fe. Sin embargo, por fe no quieren decir que hay que confiar en el Señor Jesucristo sino que más bien se refieren a un reconocimiento de Jesús y de que su muerte hace unos 2.000 años fue un hecho histórico. Pero debo decirle que el simplemente creer que Jesús murió, no le salvará. Jesucristo murió por nuestros pecados, y resucitó, de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Ahí se encuentra precisamente la distinción importante. Nosotros tenemos que depositar nuestra confianza en su obra completada. Esa obra ya ha sido realizada.
En una ocasión Pablo había estado bajo la ley. Él sabía bien lo que implicaba estar bajo un sistema que requiriese hacer algo o realizar algún esfuerzo. Dijo que era un hebreo entre los Hebreos; en cuanto a la ley, era un fariseo, y en lo referente a la justicia de la ley, sin ninguna culpa. Él estaba realmente bajo la ley y había tenido la esperanza de hacer algo para lograr su salvación. Entonces, un día se encontró con el Señor Jesús en el camino que conducía a Damasco. Después de conocerle como su Señor y Salvador, escribió en Filipenses 3:8 y 9: "Por amor a Él lo he perdido todo y lo considero como basura, a fin de ganar a Cristo 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la fe". Podemos ver que después de que Pablo estuvo frente a Jesucristo, fue consciente de que nunca podría lograr la salvación por sí mismo. Cualquier tipo de justicia derivada de la ley, no sería suficiente. Pablo necesitaría tener la justicia de Jesucristo. Después de llegar a esa conclusión y de dar ese paso de fe, sintió que para él comenzaba una nueva vida.
El apóstol Pablo mismo nos dirá, en el capítulo 5 de esta misma carta, que si alguno estaba unido a Cristo, se había convertido en una nueva persona; porque las cosas viejas que caracterizaban su vida anterior habían quedado fuera, habían pasado como una etapa que había quedado atrás. En la nueva etapa, habían aparecido cosas nuevas, y lo dijo refiriéndose a todo lo que el Espíritu Santo produce en la nueva vida, es decir, los nuevos valores, las nuevas experiencias, la esperanza de la vida eterna de ese nuevo creyente, que como cristiano que se va pareciendo cada vez más a Cristo, su Señor.
Y así como en la experiencia del apóstol Pablo, el encuentro con el Señor resucitado marcó aquel día como el comienzo de una nueva etapa, como el principio de una vida significativa, es también una nueva vida para cada uno de nosotros cuando nos acercamos a Cristo reconociendo nuestra profunda necesidad espiritual. Hoy necesitamos la misericordia y compasión de Dios. Y Él nos amó y en su gracia y misericordia nos proveyó un Salvador, y hoy salva a aquellos que creen en Él, por Su gracia. ¿No querría usted ser uno de esas personas que comienza a vivir de verdad, dejando atrás todo aquello que ha sido como un lastre en su vida, para disfrutar de la libertad espiritual de los hijos de Dios, y de todas las realidades espirituales que el Padre celestial tiene reservadas para los que le aman, y que constituye solo un anticipo de la vida eterna?
jueves, 18 de mayo de 2017
EN PECADO ME CONCIBIÓ MI MADRE
Habla a los hijos de Israel y diles: La mujer cuando conciba y dé a luz varón, será inmunda siete días; conforme a los días de su menstruación será inmunda (Levítico 12:2).
La ley sobre la maternidad, la transmisión del pecado por herencia, pecadores de nacimiento, porque vivimos en un mundo controlado por el pecado.
Este capítulo coloca el énfasis sobre el carácter interno del pecado. Somos pecadores de nacimiento. Y este capítulo contiene la ley sobre la maternidad, la transmisión del pecado por herencia. La misma naturaleza que heredamos es una naturaleza caída y pecaminosa. El rey David dijo, en su Salmo 51:5; He aquí, yo nací en iniquidad, y en pecado me concibió mi madre. Este capítulo 12 pertenece al área de la obstetricia. Nuestro Señor es el Gran Médico y especialista en todos los campos.
Los pueblos paganos tenían nociones supersticiosas sobre la impureza de las mujeres en el parto. No hay la menor prueba de tal noción en la etapa del Levítico, como esperamos destacar oportunamente. También constituía una práctica pagana el colocar a las mujeres en una posición inferior al hombre. Esta ley no contiene el más mínimo vestigio de semejante idea, ya que el sistema legal de Moisés elevó y ennobleció a la maternidad en contraste con el ruin paganismo que rodeaba al pueblo israelita.
Había, evidentemente, ciertos beneficios higiénicos en estas leyes dadas por Dios quién estaba preocupando por el estado físico de Su pueblo y, al mismo tiempo les estaba enseñando a ellos (y a nosotros) la gran verdad espiritual de que hemos nacido en pecado.
Hay una doctrina que en la actualidad ha sido casi totalmente rechazada y ésta es, la depravación total del ser humano. Aunque éste lo está ciertamente demostrando. Nuestros medios de difusión reflejan plenamente esta realidad y la depravación total del hombre resulta bastante evidente. En la carta del apóstol Pablo a los Romanos 5:12, se nos dice lo siguiente: Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron;
El mundo piensa en la inocencia, la virtud y la bondad al contemplar la imagen de una madre joven que sostiene a un niño dulce y cariñoso en sus brazos. Pero Dios ha pintado en este capítulo un cuadro diferente, una pintura opuesta. Aquí está esa joven madre con su niño precioso. Humanamente hablando, todos vivimos con placer esas experiencias familiares entrañables. Pero, desde un punto de vista espiritual, ante Dios, no es ése un retrato de inocencia y pureza, sino una imagen de impureza y pecado. ¿Qué es lo que ha sucedido? Que esa madre ha traído al mundo un pecador. Es todo lo que ella podía traer a este mundo, porque ella es una pecadora, y el padre del niño, también.
El Dr. Kellog ha dicho lo siguiente: "En el nacimiento de un niño, la maldición especial original contra la mujer es considerada por la ley como alcanzando la más plena, más consumada y significativa expresión. Porque el mal extremo del estado de pecado que la primera mujer, por efectos de aquel primer pecado trajo a todas las mujeres, es visible más que nada en esto, que ahora la mujer, por medio de aquellos poderes otorgados a ella para bien y para bendición, puede traer al mundo solamente a un hijo contaminado por el pecado"
Seguramente se recordará lo que Dios le dijo a la primera mujer, registrado en Génesis 3:16: En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.
No solo sufrirá dolores la mujer al traer un niño al mundo, pero es muy posible que el niño, al dejar de serlo sea un motivo de angustia para ella, porque es un pecador.
Creo que esto es lo que estaba en el pensamiento del apóstol Pablo cuando escribió ciertas reglas sobre el lugar de la mujer en la adoración pública, en su primera carta a Timoteo 2:12, que dice así: Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada. Estaba hablando de la posición de liderazgo doctrinal en la iglesia, y la razón para su argumentación era doble. Adán había sido creado primero, y también, en la caída en el pecado, fue la mujer quien fue engañada. Dice el mismo escritor en el mismo pasaje y los versículos 13 y 14: Porque Adán fue creado primero, después Eva. Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en pecado. Esto no significa enseñar la superioridad del hombre sobre la mujer. Es, más bien, un asunto de orden y dirección. Su otra razón fue que la mujer fue la primera en la caída en el pecado, es decir, que allí en el jardín del Edén, desempeñó el papel de líder.
El hecho de que una madre cristiana esté con dolores de parto por su hijo es una evidencia del juicio de Dios, aunque indudablemente no significa que ella pierda su salvación al traer un pecador al mundo. La primera carta a Timoteo 2:15 dice: Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia. Ella no es salva por su maternidad; es salva a través de su maternidad. En otras palabras, no se convierte en una mujer impura y pierde su salvación al traer un pecador al mundo. La evidencia de su salvación se encuentra en su fe, amor, vida santa y sobriedad. La "impureza" bajo el sistema de la Ley de Moisés le recordaba que ella había traído un pecador al mundo. Los dolores de parto en la época de la gracia de Dios le recuerdan hoy a la madre que va a nacer un pecador aunque ella sea una creyente.
Cuando el apóstol Pablo le dijo al carcelero de Filipos, según el relato del libro de Los Hechos de los Apóstoles 16, "Cree en el Señor Jesús y serás salvo tu y toda tu casa" no quiso decir que su familia sería salva simplemente porque él creyese en el Señor. Tampoco quiere decir que tus hijos serán salvos sencillamente porque tú seas un creyente.
Esto plantea otra pregunta. Alguien podría preguntar si los niños que mueren están perdidos por haber nacido pecadores. La respuesta es que no. En Adán todos morimos, y ésa es la causa porque los niños también mueren. Pero en el Evangelio según Mateo 18:10, el Señor Jesús dijo: Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeñitos, porque os digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. La palabra "ángeles" debería traducirse "espíritus". Sus espíritus contemplan el rostro del Padre celestial. En otras palabras, cuando el niño muere, su espíritu se va con el Padre. ¿Por qué? Porque Cristo descendió del cielo a la tierra para morir por los pecadores, y el pequeño que ha muerto aun no ha llegado a la edad de la responsabilidad. Cuando el niño deje de serlo al llegar a dicha edad, entonces tiene que tomar una decisión acerca de Cristo.
Los niños de los hijos de Dios
La purificación de la madre ante el nacimiento de un niño varón
"Y el Señor habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: "Cuando una mujer dé a luz y tenga varón, quedará impura por siete días; como en los días de su menstruación, será impura."
Se consideraba que la madre quedaba impura por haber traído un pecador al mundo. Eva, la primera mujer, pensó que había traído el Salvador al mundo cuando nació Caín. Pero solo había traído al mundo a un pecador, que resultó ser el primer asesino. El ritual del Levítico pretendía recordar a la mujer que estaba introduciendo en el mundo la misma clase de niño que Eva había traído al mundo, perteneciente a una raza que solamente podía pecar.
Su impureza se dividía en 2 períodos. El primer período era de 7 de días. En el versículo siguiente veremos que el niño varón era circuncidado en el octavo día. La circuncisión era la señal de identificación del pacto o alianza dada por Dios al patriarca Abraham. En el sistema legal de Moisés, la circuncisión era también el rito de unión al pueblo elegido.
Soy consciente que la idea de impureza de la maternidad está en conflicto con la noción popular de la imagen entrañable que existe al respecto y que, humanamente hablando, nos afecta a todos. Pero necesitamos enfatizar que, desde el punto de vista divino, los niños que traemos al mundo son pecadores. Se rebelarán contra la disciplina, aceptarán una nueva moralidad, un nuevo sistema de valores que equivaldrá al antiguo pecado de los orígenes de la humanidad y una filosofía de la vida que está completamente en conflicto con la Palabra de Dios. Necesitamos educar a nuestros hijos a la luz de las Sagradas Escrituras para evitar que se alejen de los principios establecidos por el Creador y conozcan al Salvador del mundo.
"Al octavo día de haber nacido, el niño será circuncidado. Y ella permanecerá en la sangre de su purificación por treinta y tres días; no tocará ninguna cosa consagrada ni entrará al santuario hasta que los días de su purificación sean cumplidos."
Habíamos dicho que el período de impureza de la madre se dividía en 2 períodos. El primero constaba de 7 días, después de los cuales, a los 8 días de haber nacido, el varón era circuncidado. El haber nacido como israelita no le incluía automáticamente en el pacto de Dios con Su pueblo. Como hemos expresado anteriormente, esa integración en el pueblo de la alianza tendría lugar cuando el niño fuese circuncidado. Cada israelita era, en primer lugar, un hijo de Adán, nacido fuera del pacto. Esto es lo que el apóstol Pablo quiso decir en su carta a los Romanos 9:6 y 7, que dice así: Porque no todos los descendientes de Israel son Israel; ni son todos hijos por ser descendientes de Abraham. El nacimiento natural de cada persona no conduce a cada ser humano a una relación personal con Dios. En realidad, el nacimiento natural separa al hombre de Dios. Por lo tanto, Dios no nos debe nada en absoluto. Pero en Su gracia y misericordia envió a Su Hijo al mundo para salvarnos.
El segundo período de la impureza de la madre duraba 33 días, así que el tiempo de duración total de ambos períodos era de 40 días. Esto reafirma el hecho que el rito de la circuncisión tenía también un significado de limpieza. Era la manera en que Dios expresaba, en los tiempos del Antiguo Testamento, lo siguiente: "Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis". Recordemos que ésta sería precisamente la invitación de Jesús a los niños en los tiempos del Nuevo testamento. La circuncisión del varón removía algo del pecado de la madre. La aceptación del niño significaba también la aceptación de la madre. A ella se la recordaba que era aun una pecadora, requiriéndose 33 días más para su purificación.
Resulta interesante observar que Jesús fue circuncidado al octavo día. Entonces, fue llevado al templo cuando se cumplieron los días de la purificación de la madre, de acuerdo con la legislación de Moisés, según nos relató el Evangelista Lucas en 2:21-23. María era pecadora, aunque trajo al mundo a un Salvador que no tenía pecado. Su nacimiento no la salvó a ella, sino su aceptación de Jesús como su propio Salvador.
Jesús fue circuncidado para cumplir con la ley de Moisés. Porque Jesús vino para cumplir esa ley, y no para destruirla. De esa forma El se identificó con Su pueblo.
La purificación de la madre ante el nacimiento de una niña
"Pero si da a luz una niña, quedará impura por dos semanas, como en los días de su menstruación; y permanecerá purificándose de su sangre por sesenta y seis días."
El tiempo se duplicaba para la purificación del nacimiento de una niña. No sabemos por qué se estableció este cambio con respecto al caso del varón. Pero evidentemente la circuncisión del varón tenía algo que ver con la reducción de los días y remediaba parte de la maldición del pecado original.
La época de la gracia y misericordia de Dios nos trajo un nuevo día. Esta realidad fue expresada por el apóstol Pablo en su carta a los creyentes de Galacia, 3:27-29. Porque todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa.
La purificación de la madre trayendo un sacrificio de expiación para el perdón de sus pecados
"Cuando se cumplan los días de su purificación por un hijo o por una hija, traerá al sacerdote, a la entrada de la tienda de reunión, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como ofrenda por el pecado. Entonces él los ofrecerá delante del Señor y hará expiación para pedir el perdón de ella, y quedará limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley para la que da a luz, sea hijo o hija. Pero si no le alcanzan los recursos para ofrecer un cordero, entonces tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y el otro para la ofrenda por el pecado; y el sacerdote hará expiación por ella para pedir su perdón, y quedará limpia."
La madre traía ante la presencia de Dios un holocausto y una ofrenda por el pecado que sería ofrecida en su nombre por el sacerdote. Recordemos que el holocausto era el sacrificio en el que la víctima era quemada completamente en el altar. Indudablemente y como ya hemos dicho al principio de este programa, no era salva simplemente por traer niños al mundo, como algunos creen. Tenía que ofrecer un sacrificio. Una madre debe confiar en el Señor Jesucristo. Con esa actitud, ella estará preparada para criar a su hijo teniendo presente que es un pecador que necesita aceptar a Cristo como su Salvador. Verdaderamente, la familia de nuestro tiempo se encuentra en crisis y necesita ser consciente de esta realidad.
Recordemos que cuando el Señor Jesús nació, su madre trajo un par de tórtolas, porque ésa era la ofrenda que los pobres podían permitirse traer. Ella tuvo que presentar una ofrenda porque era pecadora, no estaba sin pecado. Pero no se presentó una ofrenda por Jesús, porque El no tenía pecado. El iba a ser la ofrenda por el pecado del mundo, como había anunciado Su precursor, Juan el Bautista, Jesús era el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo.
Pensemos por un momento en la relación que existe entre lo que hemos dicho hoy y el mundo en que vivimos. Vivimos en tiempos en una generación que está volviendo la espalda a un Dios Todopoderoso. Y el juicio de Dios está comenzando a caer sobre este mundo. Toda la creación, la naturaleza y los seres creados ponen en evidencia los efectos del pecado humano. La sociedad en su conjunto, una institución como la familia y, a nivel individual, las personas, acusan los impactos destructivos del desorden y las pasiones producidas por el pecado. Como vivimos en la época del auge de las comunicaciones, los medios de difusión nos mantienen informados diariamente sobre el crecimiento de los sentimientos de violencia y agresividad. Hemos tratado de exponer, desde la Biblia, la verdad que todos los que vienen a este mundo, todos los que nacen, son pecadores. Los seres humanos necesitan, más que nunca antes, la gracia salvadora de Dios. La gente necesita escuchar que la sangre que Cristo derramó en el altar de la cruz fue el castigo pagado por los pecados de la humanidad. Queda pues a cada persona, la responsabilidad de apropiarse de esa salvación gratuita que Dios ofrece hoy por medio de la obra de Jesucristo.
sábado, 13 de mayo de 2017
PROMESAS DE BENDICIONES
Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. (Deuteronomio 28:2)
Hay creyentes que esperan muy poco de Dios en cuanto a lo material. Confían en que Él les dará alimento y vestido, pero no confían en que se los dará en abundancia.
Por alguna razón, se han formado la idea de que Dios es un viejo tacaño que les dará algo más que harapos para vestir y frijoles para comer. Pero eso no fue lo que el Señor dijo. En Mateo capítulo 6 Jesús dice que Dios nos vestiría mejor que a Salomón. Esas palabras son suficientes para demostrar que Dios quiere no solo darnos las cosas básicas de la vida, sino también bendecirnos abundantemente. Yo lo sé por experiencia personal.
Un día – hace algunos años – , llegué a la casa y encontré dos automóviles costosos estacionados a la entrada del garaje. Me los habían regalado unos hermanos que habían sido bendecidos por el Señor por medio de mi ministerio. Me quedé estupefacto. “Señor – le dije – , no necesito estos automóviles. No te los había pedido, y no están dentro de mis planes. ¿Qué están haciendo aquí?”
Entonces el Señor me habló al corazón, diciendo: “¿No has leído alguna vez el pasaje en Deuteronomio que dice que las bendiciones vendrán y alcanzarán a quienes oigan mi voz?”
“Sí”, le respondí.
“Bueno, hijo – me dijo Él – tú acabas de ser alcanzado”.
¿Estoy diciendo que Dios me dio esos automóviles costosos sólo para que los disfrutara? Sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo.
En 1 Timoteo 6:17 dice que Dios “nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”. Dios es un Padre amoroso que se complace grandemente en bendecir a sus hijos. Desde nuestro punto de vista, Él es demasiado generoso. Pero no se inquiete por ello, Él puede darse ese lujo.
Una vez que usted de veras crea en la generosidad de Dios y oiga su voz, las bendiciones lo alcanzarán también a usted.
lunes, 8 de mayo de 2017
EJERCITARSE EN LA FE Y EN EL ESPÍRITU…
Pues Dios ha mostrado su bondad, al ofrecer la salvación a toda la humanidad. 12 Esa bondad de Dios nos enseña a renunciar a la maldad y a los deseos mundanos, y a llevar en el tiempo presente una vida de buen juicio, rectitud y piedad (tito 2:11-12)
Cuando un atleta inicia su entrenamiento, practica para mejorar sus habilidades. Repite los mismos movimientos un sinnúmero de veces hasta que puede hacerlos con toda naturalidad.
La mayoría sabemos que esa clase de entrenamiento físico es sumamente importante para poder triunfar en lo que se esté compitiendo. Pero ¿sabía usted que podemos entrenarnos de esa misma forma en lo que respecta a las cosas espirituales?
¡Así es! En Hebreos 5:14, La comida sólida es para los adultos, para los que ya saben juzgar, porque están acostumbrados a distinguir entre lo bueno y lo malo. . Cuando usted se entrena o ensaya para algo, se está exponiendo diariamente a lo que quiere llegar a ser. Lo ensaya y lo practica una y otra vez hasta que pueda hacerlo con toda naturalidad. Las personas perezosas se han entrenado para ser perezosas; en cambio, las personas disciplinadas se han entrenado para ser disciplinadas.
25 Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita. (1 Corintios 9:25)
Pasar tiempo con Dios es un entrenamiento espiritual. Cuando se hace con diligencia, el espíritu se fortalece y empieza a superar los malos hábitos de la carne.
Por ejemplo, si a usted le cuesta mucho levantarse por la mañana para pasar tiempo con Dios antes de que empiece el trajín del día, si se rinde a la carne y se queda en la cama; entonces, es necesario que comience a practicar el hábito de levantarse temprano. Cuanto más lo practique, más fácil le será.
No espere hacerlo perfectamente al principio. No se desanime cuando falle. Lo que usted necesita es entrenamiento. Levántese y vuelva a practicarlo.
Sea un atleta espiritual. Sométase al entrenamiento y practique las cosas de Dios. Fortalezca sus músculos espirituales en la comunión con Dios. Se sorprenderá al darse cuenta de que puede llegar a ser un gran vencedor.
miércoles, 3 de mayo de 2017
SI YO SUBIERA A LAS ALTURAS DE LOS CIELOS, ALLÍ ESTÁS TÚ; Y SI BAJARA A LAS PROFUNDIDADES DE LA TIERRA, TAMBIÉN ESTÁS ALLÍ
… Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía (v. 16).
Génesis 28:10-17
Al Worden, astronauta del Apolo 15, sabía lo que era estar en la luna. Durante tres días, en 1971, voló solo en su módulo de comando, el Endeavor, mientras dos compañeros trabajaban a miles de kilómetros, en la superficie de la luna. Su única compañía eran las estrellas, que lo envolvían con su luz.
Cuando el sol se puso sobre Jacob, el personaje del Antiguo Testamento, la primera noche lejos de su casa, él también estaba profundamente solo, pero por otra razón. Estaba huyendo de su hermano mayor, que quería matarlo por haberle robado la bendición familiar del primogénito. Sin embargo, al dormirse, Jacob soñó con una escalera que unía el cielo y la Tierra. Mientras observaba a los ángeles que subían y bajaban, escuchó la voz de Dios que le prometía estar con él y bendecir a toda la Tierra a través de sus hijos. Cuando Jacob despertó, exclamó: «Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía» (Génesis 28:16).
Jacob se había aislado debido a su engaño. Sin embargo, por más reales que fueran sus fracasos y la oscuridad de la noche, estaba en la presencia de Aquel cuyos planes siempre son mejores que los nuestros. El cielo está más cerca de lo que pensamos, y el «Dios de Jacob» está con nosotros.
Padre, la gloria de tu presencia y tu bondad supera ampliamente nuestra imaginación.
Dios está más cerca de lo que pensamos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)