miércoles, 24 de mayo de 2017

BUSCANDO LA VERDADERA LIBERTAD

17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. 2 Corintios 3:17-4:2 "El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad". Sólo el Espíritu de Dios hoy puede levantar el velo y ayudarnos a ver que Cristo es el Salvador. Solamente Él puede hacerlo, es el único que puede realizar ese milagro. Pablo estaba hablando a su pueblo en su día, como lo hizo Simón Pedro. Simón Pedro dijo en el libro de los Hechos, capítulo 10, versículo 43: "De éste dan testimonio todos los profetas, de que por su nombre, todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados". si no podemos ver al Señor Jesucristo en el Antiguo Testamento, entonces, el Espíritu de Dios no es nuestro Maestro, porque el Espíritu de Dios toma las cosas de Cristo y nos las muestra. El Espíritu de Dios nos libera de la ley y nos lleva a Cristo. Cuando Él lo haga, nos daremos cuenta de lo que quiere decir aquí, el versículo 18: "Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y contemplando como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados con más y más gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor". Este pasaje de las Escrituras es extraordinario. Pablo ha estado hablando sobre el velo en el corazón; luego, cuando acudimos a Cristo, el velo es quitado. Ahora, como creyentes, estamos mirando al Señor Jesucristo. Pero incluso como creyentes, nuestros ojos están velados cuando hay pecado en nuestras vidas. Pero cuando ese pecado es confesado y recuperamos la relación de compañerismo con Él, podemos contemplarle. Entonces, con el rostro descubierto, contemplamos como en un espejo la gloria del Señor. La idea en este versículo no es la de reflejar para transformar, sino más bien la de contemplar hasta ser transformados. Entonces, podemos reflejar Su imagen. Por eso creemos que una traducción más exacta es la siguiente: "contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu". Es cierto que la Palabra de Dios es el espejo al cual tenemos que mirar, y entonces contemplamos a Cristo. Por tal motivo debemos permanecer en la Palabra de Dios y mirarle a Él. Al contemplar al Señor Jesucristo usted es transformado. Como dijo el apóstol Pedro, en su primera carta, capítulo 1, versículo 23: "Pues habéis nacido de nuevo, no de una simiente corruptible, sino de una que es incorruptible, es decir, mediante la palabra de Dios que vive y permanece para siempre". También la Palabra de Dios nos transforma y éste es un aspecto muy importante, porque en la Palabra de Dios nosotros podemos ver al Señor, tal como Él es. En la palabra de Dios usted ve a Cristo sin un velo que impida una visión clara y esto es maravilloso. ¿Queremos ser como Cristo? Entonces, debemos pasar tiempo contemplándole, tal como le vemos en las páginas de las Sagradas Escrituras, con el deseo de ir creciendo espiritualmente e imitarle para que, por la obra del Espíritu Santo en su vida, pueda cada vez más parecerse a Él. Dicen que las personas que, unidas por el amor han llegado a moldear sus personalidades con la convivencia diaria, y que comparten un mismo sentir en cuanto a la persona del Señor Jesucristo, se van pareciendo cada vez más, incluso físicamente. Por ello decimos que la contemplación de la imagen y el ejemplo de Cristo que nos revela la Biblia, y el escuchar Sus Palabras, sus enseñanzas, por la obra del Espíritu Santo, va desarrollando en nosotros un parecido con la persona del Señor. 2 Corintios 4:1 Y, tenemos aquí, otro aspecto del consuelo de Dios. Vimos en el primer capítulo el consuelo de Dios para los planes de la vida. Luego, en el segundo capítulo observamos el consuelo de Dios al restaurar a los creyentes que habían pecado, y en el capítulo 3, vimos una exposición del consuelo de Dios en el glorioso ministerio de Cristo. ¿No es cierto que ese capítulo 3 fue algo extraordinario? Pues bien, nosotros no vamos a descender de la cima de la montaña, sino que vamos a continuar aquí arriba para considerar, en este capítulo 4, el consuelo de Dios en el ministerio del sufrimiento por causa de Cristo. Quizá tengamos que subir aún un poco más arriba, y no estamos seguros de lo que vamos a encontrar en una atmósfera en la que se nos hace muy difícil respirar. El apóstol nos invitó a subir más alto, y eso es lo que queremos hacer. Leamos, pues, el primer versículo de este capítulo 4, de la Segunda epístola a los Corintios: "Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos". Este es el ministerio, dice, el ministerio glorioso. Dios nos ha entregado un mensaje que ningún ser humano podía haber concebido. Para un hombre sería imposible crear un plan como el que presenta el Evangelio. Ningún hombre lo podría haber inventado. Yo no encuentro ninguna otra razón por la cual Él me haya permitido entrar en esta actividad, que no sea Su misericordia. Como ya dijimos anteriormente, Dios es rico en misericordia. Él no agotó toda Su misericordia antes de llegar a mí porque Él vio que yo necesitaría mucha compasión, y Él ha sido rico en misericordia para conmigo. Y como tiene lugar al amparo de Su misericordia, no desmayamos, sino que nos alegramos de poder llevarlo a cabo. Resulta interesante estudiar religiones comparadas. La diferencia entre el Cristianismo, el Evangelio de la gracia de Dios, consiste en que las religiones del mundo les piden a sus fieles que hagan algo. En cambio, el Evangelio me dice que Dios ha hecho algo por mí, y yo tengo que creerlo, tengo que confiar en Él. La única manera de venir a él es por fe. Ésa es la forma de acercarme a Él, porque sin fe, es imposible agradarle. En contraste, como ya hemos dicho, las religiones y sectas requieren que uno se esfuerce en hacer algo. Algunas de estas sectas dicen que uno debe tener fe. Sin embargo, por fe no quieren decir que hay que confiar en el Señor Jesucristo sino que más bien se refieren a un reconocimiento de Jesús y de que su muerte hace unos 2.000 años fue un hecho histórico. Pero debo decirle que el simplemente creer que Jesús murió, no le salvará. Jesucristo murió por nuestros pecados, y resucitó, de acuerdo con las Sagradas Escrituras. Ahí se encuentra precisamente la distinción importante. Nosotros tenemos que depositar nuestra confianza en su obra completada. Esa obra ya ha sido realizada. En una ocasión Pablo había estado bajo la ley. Él sabía bien lo que implicaba estar bajo un sistema que requiriese hacer algo o realizar algún esfuerzo. Dijo que era un hebreo entre los Hebreos; en cuanto a la ley, era un fariseo, y en lo referente a la justicia de la ley, sin ninguna culpa. Él estaba realmente bajo la ley y había tenido la esperanza de hacer algo para lograr su salvación. Entonces, un día se encontró con el Señor Jesús en el camino que conducía a Damasco. Después de conocerle como su Señor y Salvador, escribió en Filipenses 3:8 y 9: "Por amor a Él lo he perdido todo y lo considero como basura, a fin de ganar a Cristo 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la fe". Podemos ver que después de que Pablo estuvo frente a Jesucristo, fue consciente de que nunca podría lograr la salvación por sí mismo. Cualquier tipo de justicia derivada de la ley, no sería suficiente. Pablo necesitaría tener la justicia de Jesucristo. Después de llegar a esa conclusión y de dar ese paso de fe, sintió que para él comenzaba una nueva vida. El apóstol Pablo mismo nos dirá, en el capítulo 5 de esta misma carta, que si alguno estaba unido a Cristo, se había convertido en una nueva persona; porque las cosas viejas que caracterizaban su vida anterior habían quedado fuera, habían pasado como una etapa que había quedado atrás. En la nueva etapa, habían aparecido cosas nuevas, y lo dijo refiriéndose a todo lo que el Espíritu Santo produce en la nueva vida, es decir, los nuevos valores, las nuevas experiencias, la esperanza de la vida eterna de ese nuevo creyente, que como cristiano que se va pareciendo cada vez más a Cristo, su Señor. Y así como en la experiencia del apóstol Pablo, el encuentro con el Señor resucitado marcó aquel día como el comienzo de una nueva etapa, como el principio de una vida significativa, es también una nueva vida para cada uno de nosotros cuando nos acercamos a Cristo reconociendo nuestra profunda necesidad espiritual. Hoy necesitamos la misericordia y compasión de Dios. Y Él nos amó y en su gracia y misericordia nos proveyó un Salvador, y hoy salva a aquellos que creen en Él, por Su gracia. ¿No querría usted ser uno de esas personas que comienza a vivir de verdad, dejando atrás todo aquello que ha sido como un lastre en su vida, para disfrutar de la libertad espiritual de los hijos de Dios, y de todas las realidades espirituales que el Padre celestial tiene reservadas para los que le aman, y que constituye solo un anticipo de la vida eterna?

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