viernes, 28 de abril de 2017
CUANDO ANDEMOS CON NUESTRO HERMANO MAYOR NO HAY NADA QUE TEMER
Mas a todos los que le recibieron […], les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12).
Hebreos 10:19-23
Cuando tenía doce años, mi familia se mudó a una ciudad en el desierto. Después de la clase de gimnasia, en medio del calor, salíamos corriendo a tomar agua. Como era delgado y pequeño, a veces, me empujaban para adelantarse a tomar agua. Un día, mi amigo José, que era grande y fuerte, vio lo que me sucedía. Estiró su brazo y exclamó: « ¡Oigan! ¡Dejen que Banks beba primero!». Nunca volví a tener problemas en el bebedero.
Jesús entendía lo que es enfrentar el maltrato extremo. La Biblia muestra que fue «despreciado y desechado entre los hombres» (Isaías 53:3). Pero Jesús no fue solo una víctima, sino que se transformó en nuestro defensor. Al entregar su vida, abrió un «camino nuevo y vivo» para relacionarnos con Dios (Hebreos 10:20). Hizo por nosotros lo que jamás podríamos haber logrado solos, al ofrecernos el regalo de la salvación si nos arrepentimos de pecado y confiamos en Él.
Jesús es el mejor amigo que podríamos tener. Él dijo: «al que a mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37). Otros quizá nos hayan rechazado o incluso empujado, pero Dios nos abrió los brazos a través de la cruz. ¡Qué fuerte es nuestro Salvador!
«La obra redentora del amor se cumplió; peleada está la guerra; ganada la batalla. En vano la muerte le prohíbe levantarse; Cristo ya reabrió el paraíso».
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