lunes, 10 de abril de 2017
PABLO EXHORTA A LOS HERMANOS
1 Tesalonicenses 5:12-24
12 Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan;
13 y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros.
14 También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.
15 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.
16 Estad siempre gozosos.
17 Orad sin cesar.
18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
19 No apaguéis al Espíritu.
20 No menospreciéis las profecías.
21 Examinadlo todo; retened lo bueno.
22 Absteneos de toda especie de mal.
23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
24 Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.
Cuando nos convertimos en Hijos de Dios, mediante la salvación que nos brindó Jesucristo al morir en la cruz y resucitar al tercer día, creyendo que es Jesús nuestro salvador, lo hacemos por la gracia del Señor. Pero también tenemos ciertas obligaciones como hijos Suyos.
Es verdad que nos cuesta cumplir al pie de la letra, pero debemos esforzarnos, dar lo mejor de nosotros.
Primeramente amar a Dios, amarnos y amar al prójimo. Todo lo que hagamos, lo debemos hacer con amor.
Vivir honestamente, practicar la caridad, corregir a los indisciplinados, animar a los desalentados, sostener a los débiles, y por sobre todo, ser pacientes con todos (v14).
Buscar siempre lo bueno para todos, jamás devolver mal por mal (V15). A veces nos cuesta, pero es ahí donde debemos dejar que el Espíritu Santo de Dios obre en nosotros, por eso debemos de nacer de nuevo para que nuestra carne no interrumpa con los propósitos de Dios con nuestra vida.
Debemos mantenernos alegres, estar en constante oración, dar gracias a Dios en todo, porque es Su voluntad (v16,17 y 18).
Y el Apóstol Pablo nos sigue enseñando, no debemos apagar al Espíritu. No debemos despreciar las profecías. Y recordemos, examinarlo todo CUIDADOSAMENTE, y retener lo que es bueno. Abstenernos del mal (vs 19,20,21 y 22).
Fortalezcamos nuestras vidas espirituales como Dios quiere que seamos, todos los días.
lunes, 3 de abril de 2017
OS DARÉ CORAZÓN NUEVO, Y PONDRÉ ESPÍRITU NUEVO DENTRO DE VOSOTROS; Y QUITARÉ DE VUESTRA CARNE EL CORAZÓN DE PIEDRA. Y OS DARÉ UN CORAZÓN DE CARNE
Vestíos […] de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia (v. 12).
Colosenses 3:12-17
Siete amigos asistimos a un espectáculo en un concurrido parque. Como queríamos sentarnos juntos, intentamos ubicarnos en una misma fila. Pero, mientras lo hacíamos, una mujer se apresuró a sentarse entre nosotros y masculló unas palabras descorteses mientras ella y sus dos acompañantes se metían en el medio.
Cuando tres nos sentamos más atrás, mi esposa, Sue, notó que la mujer estaba con un adulto con discapacidades. Había tratado de mantener su grupo unido para cuidar a su amigo. De repente, nuestra irritación desapareció. Sue dijo: «Imagina lo difícil que debe ser para ella estar en un lugar tan abarrotado». Sí, quizá la mujer respondió de forma descortés. Pero nosotros pudimos responder con compasión.
Dondequiera que vayamos, encontraremos personas que necesitan compasión. Tal vez estas palabras del apóstol Pablo nos ayuden a ver a los demás como personas que necesitan un toque de gracia. «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (Colosenses 3:12). Además, nos insta a soportarnos y perdonarnos unos a otros (v. 13).
Cuando mostramos compasión, señalamos a Aquel que derramó su corazón de gracia y misericordia sobre nosotros.
Tu compasión nunca falla, Padre. Que podamos reflejar tu corazón.
Compasión es entender los problemas de los demás.
sábado, 1 de abril de 2017
PADRE MIO, SI ES POSIBLE, LÍBRAME DE ESTE TRAGO AMARGO; PERO QUE NO SE HAGA LO QUE YO QUIERO, SINO LO QUE QUIERES TÚ
Al Señor clamé estando en angustia, y él me respondió (Salmo 120:1).
Romanos 8:22-28
Di gracias a Dios por poder cuidar a mi mamá durante su batalla contra la leucemia. Cuando los medicamentos empezaron a hacer más daño que bien, ella decidió dejar el tratamiento.
«Ya no quiero sufrir más —dijo—. Quiero disfrutar de mis últimos días con mi familia. Dios sabe que estoy lista para irme con Él».
Oré con fervor a nuestro amoroso Padre y poderoso Médico, sabiendo que podía hacer un milagro. Pero, para responder «sí» a mi mamá, Él tendría que decirme «no». Sollozando, me rendí a su voluntad.
Poco después, Jesús recibió a mi mamá en una eternidad libre de dolor.
En este mundo caído, habrá sufrimiento hasta que Cristo vuelva (Romanos 8:22-25). Nuestra naturaleza pecaminosa, nuestra visión limitada y el temor al dolor pueden distorsionar nuestra capacidad para orar. Pero, felizmente, el Espíritu «conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos» (v. 27). Dios obra para bien de aquellos que lo aman (v. 28), incluso cuando su «sí» para alguien implique un desgarrador «no» para nosotros.
Podemos hacer eco del lema de mi mamá: «Dios es bueno. Cualquiera que sea su decisión, estoy en paz». Al estar seguros de la bondad del Señor, podemos confiar en que responderá según su voluntad y para su gloria.
Señor, gracias por trazar nuestros días según tu plan perfecto.
Las respuestas de Dios son más sabias que nuestras oraciones.
martes, 28 de marzo de 2017
TODO ÁRBOL QUE NO DA BUEN FRUTO, ES CORTADO Y ECHADO EN EL FUEGO
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo… (v. 3).
Salmo 1:1-3
La vista desde la ventanilla del avión era asombrosa: una angosta franja de campos sembrados y huertas se extendía entre dos montañas estériles. A lo largo del valle, corría un río con agua vivificadora, sin la cual, no habría fruto.
Así como una cosecha abundante depende de una fuente de agua limpia, la calidad del «fruto» en mi vida —mis palabras, acciones y actitudes— depende de mi nutrición espiritual. El salmista lo describe en el Salmo 1: «el varón […] que en la ley del Señor está su delicia, […] será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo» (vv. 1-3). Y, en Gálatas 5, Pablo escribe que, a los que andan en el Espíritu, los caracteriza el «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (vv. 22-23).
A veces, las circunstancias me amargan, o mis acciones y palabras se vuelven desagradables. No hay buen fruto. Entonces, me doy cuenta de que no he pasado tiempo escuchando las palabras de mi Dios. Pero, cuando el ritmo de mi vida diaria se arraiga en Él, doy fruto bueno. Al interactuar con los demás, soy paciente y amable, y me resulta más fácil dar gracias que quejarme.
Jesucristo es nuestra fuente del poder, la sabiduría, el gozo, el discernimiento y la paz (Salmo 119:28, 98, 111, 144, 165) que debemos producir.
Señor, riega mi vida con tu Palabra.
El Espíritu de Dios vive en sus hijos para obrar a través de ellos.
jueves, 23 de marzo de 2017
COMO LA GALLINA CUIDA A SUS POLLITOS A SI DIOS CUIDA DE TI...
Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros… (v. 13).
Isaías 66:12-16
Mi amiga me confió el privilegio de sostener a su preciosa hija de cuatro días de edad. Poco después de tomarla en mis brazos, la bebé empezó a protestar. La abracé un poco más, puse suavemente mi mejilla contra su cabeza, y empecé a hamacarla y a tararearle con delicadeza para calmarla. A pesar de mis denodados esfuerzos y mis más de quince años de criar hijos, no lo logré. Se ponía cada vez peor, hasta que volví a colocarla en el hueco arrullador del brazo de su mamá. La paz la envolvió casi de inmediato; dejó de llorar y su cuerpecito recién nacido se relajó en la seguridad en la que ya confiaba. Mi amiga sabía exactamente cómo sostener y palmear a su hijita para aliviar su malestar.
Dios consuela a sus hijos como lo hace una madre: mostrando ternura, confiabilidad y diligencia al esforzarse para calmar a su bebé. Cuando estamos cansados o decepcionados, el Señor nos arrulla cariñosamente en sus brazos. Como nuestro Padre y Creador, nos conoce íntimamente. Por eso, podemos decir con el profeta: « ¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos!» (Isaías 26:3 ntv).
Cuando los problemas nos agobien, el consuelo está en saber que Él nos protege y lucha por nosotros, sus hijos, como un padre amoroso.
Señor, abrázame fuerte.
El consuelo de Dios nos calma por completo.
domingo, 19 de marzo de 2017
EL QUE QUIERE AMAR LA VIDA Y VER DÍAS BUENOS, REFRENE SU LENGUA DE MAL, Y SUS LABIOS NO HABLEN ENGAÑO
… la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! (v. 5).
Santiago 3:3-12
Un domingo de septiembre, por la noche, mientras la mayoría de la gente dormía, se desencadenó un pequeño fuego en la panadería de Thomas Farriner, en Pudding Lane. Al instante, las llamas se extendieron de una casa a otra, y Londres se vio en vuelta en el Gran Incendio de 1666. Más de 70.000 personas quedaron sin casa por fuego que arrasó el 80% de la ciudad. ¡Tanta destrucción por un incendio tan pequeño!
La Biblia nos advierte sobre otro fuego pequeño, pero destructivo. A Santiago le interesaban las personas y la relación entre ellas, no los edificios; por eso, escribió: «la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!» (Santiago 3:5).
Pero nuestras palabras también pueden ser edificantes. Proverbios 16:24 nos recuerda: «Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos». Y el apóstol Pablo dice: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4:6). Como la sal sazona la comida, la gracia hace lo mismo con nuestras palabras para edificar a los demás.
Con la ayuda del Espíritu Santo, nuestras palabras pueden apagar incendios en vez de provocarlos.
Señor, ayúdame a transmitir esperanza y ánimo con mis palabras.
¿Cómo serán hoy nuestras palabras?
jueves, 16 de marzo de 2017
ECHANDO TODA VUESTRA ANSIEDAD SOBRE EL, PORQUE EL TIENE CUIDADO SOBRE VOSOTROS
¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano…? (v. 12).
Isaías 40:9-17
Después de volcar torpemente mi vaso en la barra del restaurante, el líquido empezó a derramarse por el borde hasta el piso. Por la vergüenza, traté de atrapar el agua haciendo un hueco con las manos. Mis esfuerzos fueron inútiles, ya que casi toda la bebida se escapó entre los dedos. Al final, en la palma de mis manos, apenas quedó una pequeña cucharadita, mientras que mis pies estaban en medio de un charco.
Muchas veces, mi vida es algo parecido. Lucho por resolver problemas, pasar detalles por alto y controlar las circunstancias. Por más que lo intento, mis frágiles manos son incapaces de manejar todas las piezas. Siempre se me escapa algo entre los dedos y se cae, y me deja abrumada. Aunque trate de contorsionar las manos o juntar más los dedos, no puedo controlar todo.
Sin embargo, Dios sí puede hacerlo. Isaías nos revela que el Señor puede medir las aguas del planeta —océanos, ríos, lluvia— en el hueco de sus manos (40:12). Solo sus manos son lo suficientemente grandes para contenerlas. No hace falta que intentemos sostener con nuestras manos más de la cucharadita para la que fueron diseñadas. Cuando las circunstancias nos superan, podemos poner nuestras preocupaciones y angustias en sus hábiles manos y confiar en Él.
Señor, ayúdame a no intentar solucionar todo, sino a poner todo en tus manos.
Podemos confiar en que Dios maneje todo aquello que nos abruma.
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