jueves, 23 de marzo de 2017

COMO LA GALLINA CUIDA A SUS POLLITOS A SI DIOS CUIDA DE TI...

Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros… (v. 13). Isaías 66:12-16 Mi amiga me confió el privilegio de sostener a su preciosa hija de cuatro días de edad. Poco después de tomarla en mis brazos, la bebé empezó a protestar. La abracé un poco más, puse suavemente mi mejilla contra su cabeza, y empecé a hamacarla y a tararearle con delicadeza para calmarla. A pesar de mis denodados esfuerzos y mis más de quince años de criar hijos, no lo logré. Se ponía cada vez peor, hasta que volví a colocarla en el hueco arrullador del brazo de su mamá. La paz la envolvió casi de inmediato; dejó de llorar y su cuerpecito recién nacido se relajó en la seguridad en la que ya confiaba. Mi amiga sabía exactamente cómo sostener y palmear a su hijita para aliviar su malestar. Dios consuela a sus hijos como lo hace una madre: mostrando ternura, confiabilidad y diligencia al esforzarse para calmar a su bebé. Cuando estamos cansados o decepcionados, el Señor nos arrulla cariñosamente en sus brazos. Como nuestro Padre y Creador, nos conoce íntimamente. Por eso, podemos decir con el profeta: « ¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti; a todos los que concentran en ti sus pensamientos!» (Isaías 26:3 ntv). Cuando los problemas nos agobien, el consuelo está en saber que Él nos protege y lucha por nosotros, sus hijos, como un padre amoroso. Señor, abrázame fuerte. El consuelo de Dios nos calma por completo.

domingo, 19 de marzo de 2017

EL QUE QUIERE AMAR LA VIDA Y VER DÍAS BUENOS, REFRENE SU LENGUA DE MAL, Y SUS LABIOS NO HABLEN ENGAÑO

… la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! (v. 5). Santiago 3:3-12 Un domingo de septiembre, por la noche, mientras la mayoría de la gente dormía, se desencadenó un pequeño fuego en la panadería de Thomas Farriner, en Pudding Lane. Al instante, las llamas se extendieron de una casa a otra, y Londres se vio en vuelta en el Gran Incendio de 1666. Más de 70.000 personas quedaron sin casa por fuego que arrasó el 80% de la ciudad. ¡Tanta destrucción por un incendio tan pequeño! La Biblia nos advierte sobre otro fuego pequeño, pero destructivo. A Santiago le interesaban las personas y la relación entre ellas, no los edificios; por eso, escribió: «la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!» (Santiago 3:5). Pero nuestras palabras también pueden ser edificantes. Proverbios 16:24 nos recuerda: «Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos». Y el apóstol Pablo dice: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4:6). Como la sal sazona la comida, la gracia hace lo mismo con nuestras palabras para edificar a los demás. Con la ayuda del Espíritu Santo, nuestras palabras pueden apagar incendios en vez de provocarlos. Señor, ayúdame a transmitir esperanza y ánimo con mis palabras. ¿Cómo serán hoy nuestras palabras?

jueves, 16 de marzo de 2017

ECHANDO TODA VUESTRA ANSIEDAD SOBRE EL, PORQUE EL TIENE CUIDADO SOBRE VOSOTROS

¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano…? (v. 12). Isaías 40:9-17 Después de volcar torpemente mi vaso en la barra del restaurante, el líquido empezó a derramarse por el borde hasta el piso. Por la vergüenza, traté de atrapar el agua haciendo un hueco con las manos. Mis esfuerzos fueron inútiles, ya que casi toda la bebida se escapó entre los dedos. Al final, en la palma de mis manos, apenas quedó una pequeña cucharadita, mientras que mis pies estaban en medio de un charco. Muchas veces, mi vida es algo parecido. Lucho por resolver problemas, pasar detalles por alto y controlar las circunstancias. Por más que lo intento, mis frágiles manos son incapaces de manejar todas las piezas. Siempre se me escapa algo entre los dedos y se cae, y me deja abrumada. Aunque trate de contorsionar las manos o juntar más los dedos, no puedo controlar todo. Sin embargo, Dios sí puede hacerlo. Isaías nos revela que el Señor puede medir las aguas del planeta —océanos, ríos, lluvia— en el hueco de sus manos (40:12). Solo sus manos son lo suficientemente grandes para contenerlas. No hace falta que intentemos sostener con nuestras manos más de la cucharadita para la que fueron diseñadas. Cuando las circunstancias nos superan, podemos poner nuestras preocupaciones y angustias en sus hábiles manos y confiar en Él. Señor, ayúdame a no intentar solucionar todo, sino a poner todo en tus manos. Podemos confiar en que Dios maneje todo aquello que nos abruma.

viernes, 3 de marzo de 2017

EN PRESENCIA ESTAR DE CRISTO VER SU ROSTRO ¿QUÉ SERÁ?

… ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo (v. 22). Juan 16:19-24 La orgullosa abuela sostenía con fuerza dos fotografías mientras las mostraba a sus amigos en la iglesia. Una era de su hija, en Burundi, África. La otra, de su nieto recién nacido. Sin embargo, la hija no sostenía al bebé, ya que había muerto al dar a luz. Una amiga se acercó y miró las fotos. Tomó entre sus manos el rostro de aquella querida abuela… y lo único que pudo decir entre lágrimas fue: «Te entiendo, te entiendo». Y, sí, la entendía. Hacía dos meses, había sepultado a su hijo. Hay algo especial en el consuelo de quienes han experimentado el mismo dolor. Entienden. Antes de ser arrestado, Jesús advirtió a sus discípulos: «De cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará». Pero, de inmediato, los consoló: «pero […] vuestra tristeza se convertirá en gozo» (Juan 16:20). Horas más tarde, los discípulos quedarían devastados, pero, poco después, su agobiante tristeza se transformó en un gozo inimaginable cuando lo vieron vivo de nuevo. Isaías profetizó sobre el Mesías: «Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores» (53:4). Tenemos un Salvador que no solo entiende sobre nuestro dolor; lo vivió. Jesús entiende y le interesa cómo nos sentimos. Un día, nuestra tristeza se convertirá en gozo. Señor, cuando te veamos, la tristeza se convertirá en gozo. Cuando ponemos nuestras preocupaciones en sus manos, Dios pone paz en nuestro corazón.

sábado, 18 de febrero de 2017

EL SEÑOR HA CAMBIADO MI TRISTEZA EN BAILE

… [El Señor concede] gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto… (v. 3). Isaías 61:1-6 L a sola existencia de un centro misionero evangélico en Ruanda, llamado «Faro», representa la redención. Está ubicado en un terreno donde el presidente del país tenía una casa espléndida durante el genocidio de 1994. Sin embargo, esta nueva estructura fue construida por cristianos, para ser un faro de luz y esperanza. Alberga un instituto bíblico —donde se prepara a una nueva generación de líderes cristianos—, un hotel, un restaurante y otros servicios para la comunidad. De las cenizas, ha surgido vida nueva. Los que construyeron el Faro se inspiran en Jesús como su fuente de esperanza y redención. Cuando Jesús fue a la sinagoga de Nazaret en el día de reposo, leyó del libro de Isaías y anunció que Él era el Ungido que proclamaba el favor del Señor (ver Lucas 4:14-21); el que había venido a sanar a los quebrantados y ofrecer redención y perdón. Jesús es la belleza que surge de las cenizas (Isaías 61:3). Al descubrir las atrocidades que se cometieron durante el genocidio en Ruanda, que se cobró más de medio millón de vidas, no sabemos qué decir. Pero sí sabemos que el Señor puede redimir las atrocidades… aquí o en el cielo. Aquel que concede óleo de gozo en lugar de luto da esperanza en medio de las situaciones más sombrías. Señor, muestra tu misericordia a los que sufren. Jesús vino a traernos esperanza en medio de las circunstancias más oscuras.

jueves, 9 de febrero de 2017

TENEMOS UN ABOGADO QUE NUNCA PERDIÓ UN JUICIO, EL SIEMPRE ESTA OCUPADO PERO NOS ATIENDE

… si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo (2:1). 1 Juan 1:8–2:2 Desde una cárcel de Florida, en junio de 1962, Clarence Earl Gideon escribió una nota a la Corte Suprema de los Estados Unidos pidiendo que se revisara su condena por un crimen que no había cometido. Y agregó que no tenía medios para contratar a un abogado. Al año, en el histórico caso Gideon c/ Wainright, la Corte Suprema dictaminó que las personas que no podían costear su defensa debían recibir la asistencia de un defensor público provisto por el Estado. Tras esta decisión, y con la ayuda de un abogado de oficio, Gideon fue juzgado nuevamente y absuelto. Pero ¿qué sucede si somos culpables? Según Pablo, todos lo somos, pero la corte celestial provee un Abogado, el cual, costeado por Dios, ofrece defender y cuidar nuestra alma (1 Juan 2:2). Jesús nos ofrece una libertad que incluso los presos han descrito como mejor que cualquier otra cosa experimentada fuera de la cárcel. Es libertad del corazón y la mente. Ya sea que suframos por las injusticias hechas por nosotros o contra nosotros, Jesús puede representarnos a todos. En su autoridad suprema, Él responde todo pedido de misericordia, perdón y consuelo. Jesús, nuestro Abogado, puede convertir nuestra prisión de desesperanza, temor o remordimiento en un lugar lleno de su presencia. Señor, quiero experimentar la libertad de tu presencia. Aquel que murió como nuestro Sustituto vive ahora como nuestro Abogado.

viernes, 3 de febrero de 2017

DIOS MIRA EL CORAZÓN

… ¿No he visto también aquí al que me ve? (v. 13). Génesis 16:1-13 «Te veo», dijo una amiga en un grupo en línea de escritores en el que nos respaldamos y animamos unos a otros. Como me sentía estresada y ansiosa, sus palabras me infundieron una sensación de paz y bienestar. Ella me «veía» —con mis esperanzas, temores, luchas y sueños— y me amaba. Cuando escuché la sencilla pero poderosa expresión de ánimo de mi amiga, pensé en Agar, una esclava de la familia de Abram. Tras muchos años de esperar ansiosa un heredero, Sarai siguió la costumbre cultural de su época y le dijo a su esposo Abram que tuviera un hijo con Agar. Pero, cuando esta quedó embarazada, comenzó a despreciar a su ama. Sarai, a su vez, maltrató a su sierva, hasta que Agar huyó al desierto. El Señor vio la angustia y la turbación de Agar, y la bendijo prometiéndole que tendría muchos descendientes. Después de aquel encuentro, Agar llamó al Señor El Roi, que significa «Dios que me ve» (Génesis 16:13), ya que supo que no estaba sola ni abandonada. Así como Agar fue vista —y amada—, también lo somos nosotros. Tal vez nos sintamos ignorados o rechazados por familiares o amigos, pero sabemos que nuestro Padre no solo ve nuestro aspecto exterior, sino también todos nuestros sentimientos y temores secretos. Él habla palabras que nos vivifican. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 1 Samuel 16:7 Señor, gracias porque ves mi interior. Saber que Dios nos ve nos da consuelo y confianza.